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En el año 2014 Mercedes y su división de coches deportivos AMG lanzaban al mercado el AMG GT, un deportivo biplaza que a lo largo de estos cuatro años ha ido dándonos más versiones dentro de la gama cuyas potencias oscilan entre los 476CV y los 585CV de la que hoy ocupa nuestra prueba, el AMG GT R.

El diseño del AMG GT R, proviene de dos flancos; uno de ellos, sería la competición, pues el frontal es similar al AMG GT3 donde destaca la parrilla Panamericana, y otro de ellos sería al Mercedes SL 300 que se usó en competición a principio de los años 50. Esta simbiosis, hacen que la línea del AMG GT R sea la de un muscle car que parece haber tomado algún que otro anabolizante para enfatizar más si cabe su estampa deportiva.

Por norma general los deportivos extremos como es en este caso el AMG GT R están pensados para su uso en circuito, pero aun así son coches que puedes utilizar en tu día a día, eso sí, no quieras pasar desapercibido porque es ajeno a todas las miradas, no solo por el color tan estridente sino más bien por el sonido que brama por los escapes y por esa belleza que imperfectamente perfecta.

El color exterior del AMG GT R, ya es una plena declaración de intenciones de la bestia que tenemos ante nosotros. Cariñosamente, o más bien coloquialmente este color tiende a que este deportivo reciba el nombre de “Hulk”, pues cualidades bestiales no le faltan. En nuestro país, este tono se denomina AMG Light Green Magno y en otros mercados recibe el nombre de AMG Green Hell Magno y cuyo sobre coste, pues se trata de un opcional es de 10.900€. Este nombre hace referencia a como se conoce coloquialmente al circuito de Nürburgring Nordschleife, donde ha sido gestado, y donde obtuvo uno de los mejores tiempos en dar una vuelta a este complicado trazado de 7:10,92 minutos, estando así dentro de los 25 coches que mejor registro han conseguido.

Los descomunales pasos de rueda traseros no solo son cuestión de estética, sino que se han ensanchado para poder alojar en su interior a los neumáticos Michelin Pilot Sport Cup 2 en medidas 325/30 ZR 20, mientras que para el tren delantero se ha optado por unos en medidas 275/35 ZR 19.

Este coche está pensado para aquellos clientes que no se conformen con tener en su garaje a un miembro más de la familia GT de Mercedes, y para ello, está pensado en que su uso sea en circuito, así que AMG ha trabajado en un sistema de aerodinámica activa, como un pequeño alerón que emerge del faldón delantero por encima de los 100 km/h y que proporciona 40 kg de carga a una velocidad de 250 km/h creado por el efecto Venturi, así como unas tomas de aire que encontramos en los laterales de la parte frontal que dirigen el flujo de aire hacia los pasos de rueda.

En la parte trasera encontramos un difusor trasero doble, así como un spoiler regulable manualmente situado en el portón del maletero y un nuevo fondo plano que recorre todos los bajos del coche. Con todos estos elementos con respecto a un GT estándar, el GT R ofrece 155 kg de carga extra a su velocidad máxima. Y rebaja el coeficiente aerodinámico con respecto a un AMG GT hasta un Cx de 0,35.

El Cockpit del AMG GT R, ya no dista mucho al de un coche de competición. Tras abrir la puerta lo primero que salta a la vista son los backets tapizados en piel y alcántara con las costuras en contraste que se ajustan al cuerpo como si de un guante a una mano se tratara. Acceder al interior del coche para acomodarse en estos asientos, requiere de un pequeño ejercicio de contorsionismo, al que una vez acostumbrado la maniobra resulta fácil.

Una vez acomodado en la posición del conductor, te sientes como un piloto, donde todo está orientado hacia ti y donde la alcántara y la fibra de carbono que te rodea son detalles exclusivos de esta unidad. La posición de conducción es acertada, estás situado bajo el volante casi encastrado y la visibilidad hacia el tren delantero es muy buena. Todos los mandos están situados en posición estratégica para que el conductor todo lo tenga a mano, a excepción del selector del cambio que al estar en una posición tan retrasada obliga a tener siempre que buscarlo.

El volante multifunción, tiene un grosor y tamaño acertado para un coche con estas connotaciones deportivas e integra en la parte trasera las levas para accionar el cambio de forma secuencial. Tras este, encontramos dos esferas que par nuestra suerte son analógicas, de las antiguas, con agujas reales que se acompasan la una con la otra cuando vas tomando velocidad, y que están separadas por una pantalla TFT desde la que podemos ver representada la información de la navegación, el ordenador de abordo el modo de conducción que llevamos activado o bien información específica AMG.

La pantalla que encontramos en la parte más alta de la consola de 8”, sirve para manejar todo el sistema de infoentretenimiento a la vez que, para configurar diversos parámetros del coche, así como para ofrecer unos indicadores deportivos que muestran la potencia y el par motor que estamos utilizando en cada momento.

Bajo esta pantalla, encontramos lo que sin duda es el “mando mágico” de este coche el AMG TRACTION CONTROL, que se activa a través de un potenciómetro con el que se cambia o más bien podemos eliminar el control de tracción, y que dispone de 9 posiciones para poder tener a nuestra disposición los 585cv bajo el único control del pedal de acelerador. Hay que destacar que, para poder activar esta función, primero hay que desconectar el control de estabilidad, por lo que su uso queda prácticamente recomendado para el uso en circuito y no en carretera. Os podemos asegurar que este coche sin controles, y bajo la lluvia como él fue el caso del día que llevamos a cabo la prueba, es casi ingobernable por muchas manos que tengas al volante.

La consola central, agrupa los mandos del AMG Dynamic Select, el botón para activar el sonido más agudo del escape, el selector de la dureza de la suspensión o el desconector del control de estabilidad y tracción.

Hay un aspecto que de ser negativo es positivo en este AMG, y es que no brilla en su interior por la insonorización, ya que cualquier ruedo del exterior se filtra y se mezcla con el sonido del motor, invadiendo por completo el pequeño Cockpit en el que vas literalmente casi sentado en el suelo, pero esto, encontramos que es positivo a la vez, ya que un coche así lo tienes que sentir.

En la parte trasera, y como pasa en todos los coches biplaza, encontramos un pequeño maletero en el que cabe poco más de una maleta, pues bien, este coche ofrece 350 litros de capacidad en su maletero, con una boca de carga que permite incluso cargar algún que otro bulto voluminoso.

Bajo el alargado y afilado capó delantero, encontramos una mecánica conocida y compartida con el resto de la gama AMG GT. Hablamos del bloque de 4 litros V8 biturbo situado en posición central-delantera, que en este modelo rinde 585 cv a 6.250 rpm y un par máximo de 700 Nm ente las 1.99 y las 5.500 vueltas. El aumento de potencia desde los 522 cv del AMG GT S hasta los hasta los 585 cv se debe a una electrónica específica, una relación de compresión que ha sido modificada y a un mayor soplado de los turbos que pasa de los 1,2 bares a 1,35. Para el sistema de lubricación se ha recurrido a un cárter seco, lo que ha permitido situar todo el bloque en una posición más baja lo que se traduce en un centro de gravedad más bajo.

Este propulsor está asociado a una caja de cambios AMG SPEEDSHIFT de doble embrague y siete velocidades ubicada en posición transaxle sobre unos silentblocks activos, y ofrece no solo unos cambios rápidos y precisos sino unas reducciones que van acompañadas de unos petardeos típicos de los coches de competición, gracias a un sistema de escape fabricado en parte con titanio y que cuenta con unas válvulas que permiten modificar el sonido cuando modificas el modo de conducción, o bien, pulsando una tecla que encontramos en la consola central.

Con esta nueva cifra de potencia y par motor, el AMG GT R Acelera de 0 a 100 km/h en tan solo 3,6 segundos y es capaz de lanzarse hasta los 318 km/h.

Hablar de consumo en este coche es simplemente hacer mención de una cifra que un día en Mercedes la tomaron como para dar una homologación. Consiguieron un registro de 12,6 litros a los 100 km, cifra que evidentemente en otro tipo de conducción que no sea la placentera, se te puede ir de la mano con una facilidad pasmosa, pues es fácil ver en el ordenador de abordo registros de más de 25 litros a los 100 km, suerte, que el depósito de gasolina dispone de una capacidad de 75 litros, lo que te permite hacer hasta unos 400 kilómetros por autopista a velocidades legales hasta tener que repostar.

Este coche dispone de elementos heredados del Mercedes AMG GT3 de competición como el eje de transmisión del motor, así como algunos elementos del esquema de suspensiones o refuerzos estructurales que están fabricados en fibra de carbono, igual que las puertas, el difusor trasero encargado de alojar las tres salidas de escape o el techo. Si a esto le sumamos el uso de materiales como el magnesio o el aluminio conseguimos un peso en vacío de 1.555 kg.

La suspensión de GT R, está controlada electrónicamente y dispone de tres niveles de ajuste distintos mediante un pulsador que encontramos en la consola central, pudiendo escoger entre NORMAL, SPORT o SPORT+ o RACE. Con el modo NORMAL activado tenemos que pensar que estamos sentados a escasos centímetros del suelo y con unos neumáticos con un perfil de 35 mm, absorbe pequeñas irregularidades del asfalto, pero aun así encontramos un exceso de rebote. Las otras tres posiciones están pensadas claro está para conducción deportiva y su posible y seguro uso en circuito.

Cuando el departamento de prensa nos comentó la idea de ir a buscar el coche a Madrid, la verdad nos hizo gracia. Nos sentimos privilegiados por el hecho de ir a buscar a este AMG, para traerlo de vuelta a Barcelona, disfrutando de unos paisajes y carreteras por la zona de Atienza, donde tuvimos ocasión de fotografiarlo bajo su castillo, o por las carreteras de las salinas de Imón o degustar las que nos han parecido las patatas bravas más buenas que hemos probado en el Mesón Savoy de Hiendelaencina. La cuestión, es que en 12 horas que estuvimos al volante recorrimos a casi 800 kms a bordo de esta bestia que nos dejó imágenes como las que podéis ver en esta prueba.

En autopista, la verdad es que cuesta contenerse a los mandos del AMG GT R, ya que en todo momento parece que los 585 cv que hay bajo el capó delantero quieren desbocarse. A velocidades legales, el consumo ronda los 14 litros a los 100, cifra nada escandalosa para este coche.

Tomamos un desvío que nos llevaría a la Finca Río Negro, una pequeña bodega que se dedica a producir vinos de altura, situada a escasos kilómetros de Cogolludo. Para llegar allí, encontramos una revirada carretera en la que pudimos durante un rato, y digo durante un rato, porque empezó a llover, comprobar el comportamiento dinámico del AMG GT R, en un tramo en el que las curvas se sucedían una tras otra y en la que comprobamos el increíble trabajo que Mercedes y AMG han llevado a cabo con este coche. Todo en él está pensado para devorar curvas, para ir guiado sobre raíles, salvo en el caso en el que empieces a jugar con la electrónica o con el botón amarillo y el control de tracción, entonces empezarás a ver el carácter subvirador que tiene un coche de este talante con 700 Nm de par y tracción al tren trasero.

La dirección de asistencia hidráulica con el modo Sport+ o Race activado se vuelve pesada, pero es a la vez el mejor de los aliados para afrontar la entrada a las curvas rápidas, ya que dónde apuntas con el morro, él solito hace el resto del trabajo. Si a esto le sumamos que este modelo incorpora un eje trasero direccional que gira al unísono con las ruedas delanteras por encima de los 100 km/h ayudando a que el coche ofrezca un paso por curva más elevado, no os podéis llegar a imaginar la facilidad con la que traza las curvas. Estoy seguro de que, en circuito, ayudando un poco en curvas tipo radial con el deslizamiento de la trasera, la efectividad y pesadez de la dirección estaría más que justificada.

Tras unos kilómetros con lluvia, decidimos parar a comer, ya que no veíamos el sentido de seguir conduciendo con el pavimento húmedo y con unos neumáticos que parecían unos slicks. Pero entonces, aparece una carretera cuyo asfalto todavía estaba seco, y decidimos de nuevo empezar a dar rienda suelta a todo el potencial del GT R. La sensación de aplomo, pero sobre todo de disfrute que he tenido con este coche, solamente la había tenido, en carretera, con el Ferrari 430 Scuderia que hace unos años tuve ocasión de probar. Curiosamente ese mismo año probé el Mercedes SLS, que me pareció un dragster con el que acelerar en rectas era algo de lo que disfrutabas, pero al llegar a zonas reviradas era “pesado” de guiar, nada que ver con la sensación que he tenido al volante de “Hulk”.

El equipo de frenos carbocerámicos que es de serie, en nuestra unidad de pruebas ha sido sustituido por un equipo opcional de altas prestaciones que además de ahorrar 15 kilos a todo el conjunto, ofrecen unos discos de 402mm para el tren delantero y de 360 mm para el trasero. Una vez estos frenos cogen temperatura son inagotables, sobre todo si los utilizas constantemente si decides abordar una carretera de montaña, donde las frenadas son bruscas y continuadas, detienen al GT R como si no hubiera un mañana.

Otra de las cosas que en todo momento tienes presente mientras conduces, es el sonido del V8, que nada tiene que envidiar a los antiguos motores atmosféricos de Mercedes a los que nos tenían acostumbrados. Este coche suena como si de una tormenta se tratara a la hora de pedirle brío al motor, pero mejor todavía, son los petardeos que acompañan a las reducciones, que gracias al cambio Speedshift son sencillamente “prefectas”, como dice un buen amigo mío.

Este coche, es como una plancha, es decir, que para hacer bien su trabajo, tiene un proceso de calentamiento. Desde el motor, hasta los neumáticos y pasando por los frenos, cuando todo el conjunto tiene una perfecta temperatura, funciona a la perfección. La capacidad de empuje que ofrece su propulsor te catapulta de una curva a otra, sin que a veces tengas si quiera tiempo de pensar que harás a la curva siguiente, y llegado este momento, es cuando te das cuenta de que ir muy rápido con este coche, es algo muy fácil, ya que aun siendo la “bestia” que es, ofrece un comportamiento bastante noble.

Sinceramente os lo digo, y es que este AMG, donde mejor se debería probar es en un circuito, pues es allí donde puedes sacar a relucir todo lo que hace que este coche sea tan especial. Desde su mecánica hasta la aerodinámica activa, los frenos carbocerámicos de alto rendimiento capaces de detenerlo en lo mismo que tardas en pestañear o el eje trasero direccional, son elementos llevados al extremo para que el GT R sea uno de los deportivos extremos más exclusivos del momento.

Tras haber probado el AMG GT R. y tras haber probado otros modelos de la gama GT de Mercedes, os podemos asegurar que este coche, nada tiene que ver con los convencionales, pues enfocado a ser un carreras cliente ofrece eses desdén de deportividad que puedes incluso encontrar en un Ferrari 430 Scuderia o incluso en un Ferrari 488 Speciale.

Todo en este coche te hace que saques constantemente a ese piloto que todos llevamos en nuestro interior. Durante el viaje de más de 800 kilómetros que hicimos con él, de los que unos 600 kilómetros los hicimos con lluvia, os aseguramos que hicimos un máster en conducción sobre mojado, para poder llevar a cabo la prueba y tomar estas preciosas fotografías, pero en ningún momento tuvimos la sensación de no seguridad a bordo de un coche pensado para su uso en circuito.

Si te gustan los AMG, no te lo pienses más, el AMG GT R es tu coche, es un juguete que en cada aceleración dibujará una sonrisa en tu cara, acompañada de un sonido que poco tiene que envidiar a los motores AMG V8 atmosféricos de antaño.

Por último y no menos importante, queremos darle las gracias a Sergey Bondarenko, el ingeniero mecánico que ha firmado el motor de esta unidad de pruebas salida de Affalterbach lista para ser pilotada.

Escrito por, Miguel Angel Solá

AGRADECIMIENTOS

  • Mercedes España
  • Fotografías: Cristóbal Arjona