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Los modelos Z de BMW tienen mucha historia, historia que se remonta a los años 50, donde apareció por primera vez el BMW 507, un descapotable biplaza que conseguiría resurgir a la marca tras la Segunda Guerra Mundial. Ese modelo, ya montaba un motor V8 de 3,2 litros y rendía en aquel entonces una potencia de 150CV. Se fabricaron un total de 252 unidades que en su mayoría fueron a parar al mercado americano.

En el año 86 BMW presentó a la sociedad al Z1, un coche de original diseño que lucía además unas puertas que se abatían de forma horizontal y del que se fabricaron 35.000 unidades. Más tarde en 1995 se presentó el Z3 en dos versiones coupé y roadster, versión que se hizo muy famosa al aparecer en la película protagonizada por el agente 007, Goldeneye. Pero fue en 1997 cuando el Z3 M Roadster consagró a este vehículo al que lo dotaron con el mismo motor del M3 E36, un V6 con 321 caballos de potencia, lo que convirtió a este coche es uno de los roadsters más exclusivos de la historia del automóvil.

Fue en 1997, y dentro del Salón de Tokio cuando se presentó a un futurista BMW Z07 diseñado por Henrik Fisker, que dio paso al todopoderoso Z8, que equipaba un motor V8 de gasolina con 400CV, del que se fabricaron tan solo 5.703 unidades, es por ello por lo que sea un deportivo de los que en el mercado de segunda mano todavía esté cotizado. Este Z8 también hizo sus pinitos en mundo del cine dentro del film El mundo nunca es suficiente, continuando la saga de James Bond.

En el Salón de París de 2002, se presenta al Z4 roadster, llegado para sustituir al Z3, siendo esta la primera generación del Z4 actual, que se estrenó con techo de lona y de la que se vendieron más de 115.000 unidades antes de que se presentara la segunda generación en 2009, que hizo su aparición con un techo rígido. De este modelo, también se hizo una versión M, que montó el mismo V6 que el M3 E46 con una potencia de 343 caballos.

Cuatro años más tarde, en 2006 llegaron el Z4 Coupé y el Z4 M Coupé cuyo diseño era de los más original al tener un techo convencional en forma de burbuja que no pasaba desapercibido, además de ser un coche una estética muy deportiva y musculada. En 2012, BMW presenta un nuevo prototipo, el Zagato Coupé, que daría paso con los años a la tercera generación del Z4 y que hoy tenemos ocasión de poner a prueba.

Una vez entrados en la historia de los vehículos Z, vamos a hablaros del BMW Z4 sDrive 30i, la versión intermedia que hoy ocupará nuestras líneas, del que os tenemos que decir, que por primera vez en la historia de la marca se ha fabricado con una plataforma que comparte con el Toyota Supra, aunque en el caso del japonés solo se hace una versión coupé, que comparte muchos elementos que sobre todo pueden verse en el habitáculo.

El BMW Z4 está disponible en tres versiones; sDrive 20i con motor de 4 cilindros y 197 CV (Desde 49.100€), sDrive 30i con 258 CV (Desde 56.500€) y una versión más potente denominada M40i con motor de 6 cilindros y 340CV (Desde 70.950€). Nuestra unidad de pruebas que se corresponde con la segunda opción tiene un precio aproximado de 76.500€ con todo el equipamiento extra que lleva, entre el que cabe destacar el Acabado M Sport, llantas de 19” estilo M, pintura Misano Blue Metalizado, molduras interiores de aluminio, sistema de telefonía con carga inalámbrica, sistema de sonido Harman Kardon, Driving Assistant, Control de crucero activo, Connected Package Professional, Head-up Display, Faros LED adaptativos, BMW Live Cockpit Professional o el sistema Parking Assistant entre otros.

Si quieres ver esta unidad configurada, pulsa AQUÍ.

En lo que a diseño se refiere, el Z4 ha guardado y como suele pasar en los BMW de última generación, el diseño original del concept que pudimos ver en 2017, donde se le ha dado gran protagonismo a la parrilla delantera que presenta un original diseño dando a la parte delantera del coche un gran protagonismo a la vez que sensación de poderío que se ve enfatizado también por el paragolpes y las dos entradas de aire situadas a los laterales.

La vista de perfil nos da una imagen de la posición de conducción, que en esta generación es más centrada, ya que, en la anterior, te encontrabas en una posición más retrasada. Esta es sin duda su parte más atractiva, ya que es la que deja ver a todo el conjunto y su singular diseño. Particularmente lo encuentro más bonito sin capota que con ella, quizás el anterior techo duro le sentaba mejor.

Hablando de la capota, esta precisa de tan solo 10 segundos para emerger y dejar al Z4 capotado, en una maniobra que puede hacerse con el coche en marcha y hasta una velocidad de 50 km/h. La verdad es que ofrece un buen nivel de insonorización aun siendo de tela, aunque esto no evita que escuchemos algún que otro sonido extra del exterior. Para garantizar que podamos hablar sin ella, entre los arcos de seguridad situados tras los asientos podemos montar un deflector de aire que impedirá en gran medida que este se cuele en el habitáculo causando remolinos que nos impidan mantener una conversación.

Las preciosas llantas de 19” pintadas en negro calzadas con unos neumáticos en medidas 255/35/19 para el tren delantero y 275/30/19 para el trasero, dejan entre ver las pinzas de color azul que forman parte del acabado M Sport.

La zaga quizás sea la parte del coche que más minimalista es, estando representada, por una parte, por el alerón que culmina en la tapa del maletero y que alberga la tercera luz de freno, por otra, por unos pilotos con tecnología LED que no se parecen en nada a los usados en otro modelo de la casa. Y, por último, el paragolpes, que acoge dos salidas laterales que enfatizan más si cabe a esta parte del coche, así como el difusor que acoge dos salidas de escape.

En cuanto a sus medidas, se puede apreciar enseguida que es algo más largo, pero también más ancho, mientras que se reduce un tanto su batalla. Con una longitud de 4,324 milímetros, una anchura de 1.864 milímetros y una escasa altura de 1.304 milímetros, parece un roadster compacto, pero ofrece una muy buena habitabilidad interior, gracias a los 2.470 milímetros de distancia entre ejes. Ahora bien, las medias que caben destacar son el aumento de su anchura de vías que lo hacen 98 milímetros en el eje delantero y 57 milímetros en el trasero, lo que unido a un increíble reparto de pesos de un 50% para cada uno de los ejes, hacen que este coche sea muy equilibrado a l ahora de conducirlo.

El habitáculo nada tiene que ver con el de su predecesor, ya que ha sido rediseñado por completo, siento ahora muchísimo más tecnológico y con un empaque y sensación más premium. Todo el salpicadero se encuentra ligeramente orientado hacia el conductor, lo que facilita la lectura y el manejo de todo el sistema de infoentretenimiento a través de la pantalla de 10,25” que es táctil y dispone de la última versión Operating System 7.0 de BMW, lo que le permite gracias a la integración del nuevo asistente personal inteligente de BMW entender comandos y operar bajo las órdenes del conductor.

Aunque estas nuevas funciones se suman a otras como a la configuración de perfiles, que guardan preferencias como las del climatizador o la postura de conducción o los gustos musicales. En lo que a asistentes a la conducción ofrece un arsenal tecnológico digno de BMW, donde podemos encontrar el control de crucero adaptativo, asistente de estacionamiento, aviso salida del carril y del tráfico cruzado, sistema de cámaras 360º así como otros elementos a menorar si cabe la conducción.

Tras el volante multifunción deportivo M, que dispone de calefacción, encontramos el nuevo cuadro de mandos que BMW está introduciendo en toda su gama y que ya hemos visto y probado en otros modelos como en el Serie 8, y que como ya os comentamos no nos acaba de gustar, pues la lectura de este es un tanto complicada, a la vez que la representación cartográfica que hace es muy poco intuitiva. Eso sí, gracias sus diferentes vistas ofrece toda la información necesaria para gobernar el coche.

En la consola central encontramos un nuevo “tablero” que alberga el mando iDrive, así como los botones de acceso directo a los 4 modos de conducción y el botón que acciona la capota eléctrica.

La posición de conducción es muy acertada, a la vez que cómoda, ya que situado en una posición muy baja, y muy centrada el gobierno del Z4 es absoluto. Los asientos deportivos recogen el cuerpo muy bien y es fácil adaptarse a ellos gracias a sus numerosos reglajes eléctricos. Por su parte, el maletero está claro que no es la gran baza de este roadster biplaza, aun así, ofrece una capacidad de 281 litros, ya que la capota no ocupa mucho espacio. Es un poco más pequeño que el anterior Z4 (310 litros), pero este tenía el problema cuando se replegaba el techo que tan solo dejaba libres 180 litros, aún así es uno de los más generosos de su segmento.

Bajo el alargado capo delantero encontramos su corazón, un motor de 4 cilindros en línea de 2.0 litros turbo alimentado que rinde una potencia de 258 CV y 400 Nm entre las 1.550 y las 4.400 RPM, siendo un propulsor enérgico durante casi todo su régimen de giro. Sus prestaciones son acordes a su espíritu acelerando de 0 a 100 km/h en tan solo 5,4 segundos y lanzándose hasta los 250 km/h.

El sonido del motor, nada tiene que ver con los antiguos 6 cilindros de la marca, que en aras de una mayor eficiencia han sido algunos sustituidos por los 4 cilindros, que si bien no suenan igual también tienen su encanto, más todavía cuando se equipa la tecnología Active Sound Design, encargada de transmitir el sonido del motor a través de los altavoces traseros lo que amplifica dentro del habitáculo la sensación de ir sentado sobre algo más gordo.

La perfecta asociación con una caja de automática de convertidor de par y 8 relaciones permita sacar a todo el conjunto mecánico un buen rendimiento ante cualquier situación de conducción. Por un lado, eficiencia si lo que buscamos es hacer un viaje por autopista o autovías, donde podemos llegar a obtener cifras de consumo de entorno a los 9 litros, y, por otro lado, encontramos como en todo buen BMW que se precie ese lado deportivo que tanto caracteriza a este tipo de coches.

En carreteras sinuosas el Z4 se mueve con mucha soltura, gracias a un propulsor que es enérgico, lo que te permite una buena transición entre curvas son perder fuelle a la vez que ofrece un aplomo y un guiado perfecto. Sinceramente, su conducción me recuerda bastante a la del Porsche 718 Cayman que probamos hace un tiempo, e incluso me atrevería a decir que nos ha gustado más que la del Audi TT Roadster que probamos hace unos meses.

Este roadster presenta un equilibrio perfecto entre sus tamaño, motor y chasis, lo que se traduce en una conducción ágil, dinámica y con garantías de que, aunque sea un tracción trasera y sin pasarte de la raya claro está, todo está bajo control, aunque este sea el de las ayudas electrónicas.

La suspensión del Z4 ha sido optimizada para que este ofrezca un comportamiento dinámico excelente, es por ello por lo que se recurre a una doble horquilla para el tren delantero y un sistema multilink para el trasero, lo que comporta que el tarado de la misma sea tirar a durito. Hay que tener en cuenta además que nuestra unidad equipa la suspensión deportiva M que rebaja la altura del chasis 10 mm frente a una versión convencional. Opcionalmente y con un sobre coste de 710€ es posible montar un sistema de suspensión adaptiva que funciona al unísono con el BMW Drive Select y sus diferentes modos de conducción.

Gira muy plano en las curvas, gracias a una dirección que en modo Sport ofrece un tacto y una precisión muy buena a la vez que transmite muy bien lo que pasa bajo las ruedas del tren delantero, lo que te invita una y otra vez a apuntar el morro del coche a la entrada de las curvas como si de un punto de mira se tratara para hacer así un “tiro perfecto”.

Por otra parte, en autopista o carretera abierta es un gran viajero con el que puedes disfrutar solo o en compañía del sol y el viento, así como de las sensaciones que esto produce al volante de uno de los BMW más originales que hay en la actual gama y aunque seguro no será un super ventas, quien posea uno, lo disfrutará por todo lo que es capaz de ofrecer.

El BMW Z4 forma parte de un legado, de la historia icónica de los modelos Z de BMW que como os hemos explicado al inicio de la prueba ha 60 años que llevan haciendo coches tan singulares como este. Sinceramente, ahora mismo, tras haberlo probado y escribir la prueba, y tras haber leído la que hicimos en 2016 del Z4 sDrive 28i, tendría serias dudas de con cual me quedaría, ya que el techo duro retráctil era uno de sus encantos a la par que el habitáculo de estilo retro me dejó enamorado (soy un nostálgico, que se le va a hacer).

Sin duda alguna, una vez más BMW ha logrado con el Z4 hacer un coche que al igual que todos sus predecesores pasará a la historia cumpliendo con su cometido, hacer feliz a quien lo tenga en su garaje, por todo lo que es capaz de transmitir y por lo que supone tener una parte de la historia de la marca.

Escrito por, Miguel Angel Solá

Agradecimientos

  • BMW España
  • Fotografías: Cristóbal Arjona

 

 

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