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Rolls Royce Wratih

El Concesionario Rolls Royce Barcelona ha tenido a bien facilitarnos una unidad del Rolls Royce Wraith para llevar a cabo una experiencia única, la de volver a ponernos a los mandos de un Rolls. De por sí, se trata de uno de los coupés más lujosos y exclusivos del mundo, pero la versión Black Badge entregada para la prueba añade un interesante plus de deportividad.

Las versiones Black Badge son, en palabras del presidente de Rolls Royce Motors Cars, Torsten Müller-Otvos, el alter ego de la marca: «Black Badge es una actitud ante la vida, un aspecto de la marca Rolls-Royce que atrae a quienes son esquivos y osados, a quienes se arriesgan, rompen las reglas y se ríen de las convenciones. Les mueve un espíritu inquieto. Juegan duro y cambian el mundo. Desde el punto de vista técnico y estético, Black Badge es el alter ego de Rolls-Royce, más misterioso, más enérgico, más confiado y poderoso, y más exigente. Con Black Badge hemos creado la presencia más imponente en el panorama del superlujo. Es un momento realmente transformador para nuestra gran marca».

La concreción de esta filosofía queda patente tanto en los modelos Ghost como el Wraith, en los que los diseñadores de Rolls Royce han vestido con detalles únicos tanto el exterior como el interior de ambos modelos. Para empezar, nos llama la atención el cambio que se observa en la emblemática figura del Espíritu del Éxtasis y el logo situado debajo, que ahora son de color negro.

Este emblema tan legendario ha ido variando a lo largo de sus 100 años de historia. Estuvo de pie, inclinado y hasta arrodillado, y también fueron cambiando los materiales usados para su creación: oro, plata, o incluso cristal, que en ocasiones se ha retroiluminado. De hecho, Rolls Royce ha tenido siempre muy en cuenta a sus clientes, como a la Familia Real Británica. En 1933 Sir Henry Royce realizó en rojo la doble RR sobre un fondo plata y negro para combinar con los colores representativos de aquellos distinguidos clientes de la época.

El Espíritu del Éxtasis no es lo único que ha oscurecido su color en esta versión Black Badge: en el exterior se han oscurecido también las superficies cromadas como el marco de la parrilla delantera, los cristales de las ventanillas traseras, el remate del maletero y la parte vista de los tubos de escape. También las llantas de 21” son exclusivas para esta versión, fabricadas mediante un laborioso proceso en el que se fusionan 22 capas de una aleación ligera y fibra de carbono, que se pliega sobre sí misma, hasta llegar a 44 capas que confieren a la llanta la robustez necesaria para sostener el peso del coche y garantizar una calidad de rodadura impecable. 

Ochenta años de historia del Rolls Royce Wraith

En 1938-39 se inició la producción de un chasis que se suministraba a fabricantes independientes de carrocerías, de las que se hicieron 492 unidades. Posteriormente, entre 1946 y 1959, en su factoría de Crewe, Rolls Royce fabricó por primera vez el Silver Wraith, con sus osados 3.226 mm de distancia entre ejes. Tras este modelo, la marca dejó de fabricar chasis para que otros fabricantes lo personalizaran con carrocerías a su gusto.

El Silver Wraith incorporaba un motor de 4.257 cc, y como anécdota, cabe señalar que que Rolls ocultaba la potencia del motor a sus clientes, bajo el pretexto de que confiaran en que en ningún momento les faltaría la deseada.

En 2013 Rolls Royce aprovechó el Salón de Ginebra para presentar un nuevo Wraith que sería el modelo más potente jamás construido por la marca, añadiendo que el propio Charles Rolls no hubiera conducido ningún otro coche que no fuera aquel.

El Wraith que ahora vemos es un coupé con una carrocería tipo “fastback”, gracias a la cual Rolls ha logrado acercar la marca a un público más joven (de 44 años de media frente a los 55 años de media en 2003).

Una obra de arte 100% artesana

Lejanos quedan los años de la factoría de Crewe, mientras la actual se encuentra en Goodwood, al sur de Londres, cerca del legendario circuito de automovilismo. Este complejo donde se fabrica la actual gama de Rolls Royce, excepto los modelos deportivos, surgió de la mano del equipo de arquitectos de Nicholas Grimshaw, y está rodeado de vegetación que lo aísla térmicamente del exterior, gracias a lo cual es totalmente sostenible. Ejemplo de este compromiso con la sostenibilidad es el hecho de que los chasis del Wraith se fabriquen en Múnich, y una vez en Goodwood, se ensamblen con el motor y la caja de cambios, lo que permite que en factoría no haya apenas impacto acústico, pues no han de manejar materiales pesados por su interior.

En esta factoría, a través de los Factory Tours, el comprador de un Wraith tiene el privilegio de vivir en primera persona cómo se fabrican no solo los Rolls, sino su propio coche, algo que va mucho más allá de pagar el coste de un automóvil de lujo, imbuyéndose de la experiencia del trabajo artesanal dedicado a cada unidad.

Horas y horas de dedicación personalizada

Cada Wraith precisa de 16 horas en la cadena de montaje. Sin embargo, y en función de las personalizaciones que haya solicitado su propietario, el proceso de fabricación puede complicarse y sofisticarse en extremo alargándose entre 5 y 11 días.

La pintura, por ejemplo, requiere de 7 capas en función del acabado, que se aplican tras el pulido manual de la carrocería. Y cuando se ha pintado el coche, un nuevo proceso de pulido de 5 horas se lleva a cabo en un espacio iluminado con luz blanca para no dejar pasar ni una sola imperfección de la carrocería. La carta de colores de Rolls Royce tiene más de 44.000 tonos, sin contar los que un propietario puede solicitar crear exclusivamente para él.

Para el interior se trabaja con pieles elegidas una a una tras una meticulosa inspección visual, y luego se marcan y cortan al láser con absoluta precisión. Un total de 12 pieles de vacuno son necesarias para recubrir el volante, los asientos y el resto de elementos que deben presentar revestimiento en piel.

Una carrocería donde tecnología y arte se funden

El Wraith comparte la plataforma, el motor y la transmisión de los modelos Ghost y el Dawn. Gracias a su construcción mediante un monocasco de acero, el chasis y la carrocería están unidos, consiguiéndose menores cotas exteriores a la par que una mayor habitabilidad interior.

Si lo comparamos con el Rolls-Royce Ghost, en el Wraith se ha ensanchado el eje trasero en 24 mm, mientras se ha reducido la batalla en 183 mm, quedando así el centro de gravedad 50 mm más bajo. Sus imponentes dimensiones apenas tienen rival: con una longitud de 5,27 metros y una anchura de 1,94 m, tiene 50 cm más de longitud que el Bentley Continental GTC o 20 cm más que el Mercedes Clase S, y si bien ambos disponen de cuatro plazas, la comodidad del Wraith es superior.

Para garantizar un perfecto aislamiento del ruido del motor, se ha dotado a la carrocería de un doble tabique frontal. Asimismo, diversas secciones de acero que luego se revisten de paneles de acero soldados a mano, permiten una unión de los elementos impecable, que, además, queda perfecta tras el pulido a mano de los más de 6.346 puntos de soldadura y más de 900 metros de soldadura por láser.

El diseño exterior dota de personalidad propia al Wraith y lo distingue de los otros dos modelos de la marca mencionados. Su poderoso y prominente frontal incluye la inconfundible parrilla de estilo Panteón, sello de la casa, que ha acompañado a los Rolls durante sus 100 años de historia. Se remata con un parabrisas enmarcado por los pilares A que goza de una inclinación más propia de los concept car.

Una vez más, la estatuilla del Espíritu del Éxtasis evoluciona y se sitúa más adelantada y 5 grados más inclinada sobre la rejilla frontal, para invitar a mirar el capó en toda su extensión, descubriendo así su estilo compuesto por la línea del umbral, la de cintura y la del techo.

Desplazados hacia su lateral, el Wraith nos regala con una línea de media cintura alta, equilibrada con una línea de techo baja que va descendiendo suavemente hasta la zaga, donde las salidas de los escapes se han oscurecido mediante una técnica llamada Physical Vapour Deposition que evita la decoloración de las piezas metálicas con el paso de los años, al igual que las salidas de aire que encontramos en el salpicadero del Wratih.

En el centro del lateral se juntan con suma elegancia las dos manetas de las enormes puertas, de apertura opuesta, que al abrirse como en una pausada ceremonia, dejan al descubierto el suntuoso interior de ensueño.

Contengan el aliento: vamos a entrar…

En cuanto abrimos la puerta del Wraith, todo lo que vemos en el habitáculo es de un lujo, exclusividad y suntuosidad exquisitos. La piel de los asientos y reposabrazos rezuma calidad y mimo en la confección, mientras la fibra de carbono aporta un toque tecnológico y moderno al conjunto, y en cada elemento se aprecia la perfección de las manos de los artesanos que con tanto esmero y tesón han elaborado todos y cada uno de los innumerables detalles al alcance de la vista.

La conducción que otrora solo contaba con volantes de amplio radio y aro fino se mantiene en este coche, evocando sensaciones de clase y abolengo. Incorpora todo tipo de funciones: acceso al control de crucero adaptativo, teléfono, sistema de audio (de Bespoke Audio)… Los botones que permiten la selección de las diversas funcionalidades están realizados en diversos materiales: son cerámicos, o bien de acero o recubiertos de piel, hasta de cristal tallado, como los del iDrive, que da acceso directo al sistema de infoentretenimiento.

A la derecha del volante se halla el selector del cambio, con cuatro posiciones (parking, marcha atrás, punto muerto y avance) que están guiadas a través del GPS. Y para hacer honor a sus siglas Black Badge, el botón “low” desvela en el Wraith su carácter más dinámico y deportivo, modificando el sonido del motor y haciendo más elástica la relación de cambios, hasta las 6.500 rpm, aprovechando así, más a fondo, el poderosísimo motor V12.

A la izquierda del volante se aloja un curioso mando selector vertical que permite activar las luces, así como unos botones para el manejo del asistente de mantenimiento de carril, la vista del head up display o el asistente de visión nocturna.

En cuanto al cuadro de mandos, dispone de tres esferas muy claras y sencillas, lo que contribuye aún más a la elegancia del conjunto. Una de las tres esferas ofrece un indicador de uso de potencia en vez del consabido cuentarrevoluciones.

En el centro de la consola se ubica una pantalla de 10,5” escamoteable que emerge al encender el coche y que aloja el mismo sistema de infoentretenimiento que equipa los BMW, si bien en este caso con los acabados que se esperan de un Rolls.

Los diseñadores de la marca han sabido mantener muy bien la elegancia atemporal de los mandos del climatizador, sin elementos digitales, y recubiertos en piel curtida a mano. En la parte inferior de la consola se ubica el selector iDrive y a su lado otro mando para actuar sobre la suspensión neumática.

En cuanto a los reglajes de los asientos, auténticas butacas, estos están situados en las puertas, así como los botones de apertura asistida de estas últimas. Y, entre los mil y un detalles que recalcan el lujo y la exclusividad, en un hueco del marco de la puerta, encontramos un exclusivo paraguas con el emblema de Rolls Royce.

La singularidad de la versión Black Badge queda patente a través de materiales tan únicos como la combinación de fibra de carbono y aluminio que utilizan los aviones invisibles al radar, y que recubre todos los paneles del habitáculo del Wraith, lo que da idea de la exclusividad que Rolls Royce ha querido para este modelo. Hasta 72 horas de trabajo supone a los artesanos entrelazar los hilos de aluminio que luego se fijan con fibras de carbono y se terminan con seis capas de laca pulidas con acabado brillante.

Otro elemento exclusivo de esta versión es el reloj Black Badge situado en el salpicadero frente al copiloto. Las puntas de las manecillas son de color naranja, y observamos un símbolo de infinito (repetido también en los marcos de las Puertas y bordados en los asientos traseros) que ya habían lucido otros modelos como el Rolls Royce Phantom Drophead Waterspeed de 2014, creado en honor de los títulos conseguidos y récords mundiales de velocidad conseguidos por el piloto Sir Malcolm Campbell.

La guinda del pastel, el súmmum de la exclusividad y el lujo, lo ponen 1.340 puntos de luz de fibra óptica en el techo que simulan la bóveda celeste estrellada, y que, junto al impresionante equipo de sonido firmado por Bespoke Audio con dos amplificadores de 18 canales, 18 altavoces repartidos por todo el interior y 1.300W de potencia, trasladan a sus ocupantes al séptimo cielo.

El apartado de seguridad activa y pasiva también hace gala de lo más innovador: el Wraith se equipa con airbags de inflado gradual en función de la fuerza del impacto, llamada de emergencia automática en caso de choque, cámaras infrarrojas nocturnas que detectan objetos hasta 200 m por delante de la trayectoria del coche, control de crucero activo y frenada automática anticolisión en conducción urbana. 

Tecnología a raudales para la mecánica del Wraith

El compartimento motor de los Rolls siempre ha sido una seña de identidad: generoso, opulento, dominante. En esta ocasión es aún más necesario para poder alojar el sobresaliente motor de 6,6 litros biturbo de 12 cilindros en V, que alcanza una potencia de 623CV con unos apabullantes 870 Nm de par motor (70 Nm más que en la versión convencional). Con esta imponente tarjeta de presentación, apenas se sienten los 2.500 Kg del Wraith en régimen de marcha.

Esta versión Black Badge ofrece prestaciones que, si bien no son las de un deportivo, son más que brillantes, como lo atestiguan una aceleración de 4,3 segundos de 0 a 100 km/h 3 hasta 250 km/h de velocidad autolimitada.

Si algo es enseña proverbial del buen hacer de la marca es el silencio y la ausencia de vibraciones con el motor en marcha. En el Wraith no es una excepción, y su V12 potenciado emite un leve sonido bronco que ni queriendo se escucha desde el interior del habitáculo.

Para gobernar las prestaciones del bloque propulsor, la tecnología se ha exprimido hasta lo inimaginable para ofrecer una caja de cambios automática de 8 velocidades guiada por satélite, con un sistema predictivo que se adelanta a las condiciones del entorno y del trazado, optimizando al máximo la marcha del vehículo. El resultado es un confort absoluto y perfecto en todos los momentos: aceleraciones, pasos de curva, baja o alta velocidad, etc.

Al volante y llevados por el Espíritu del Éxtasis

La prueba del Wraith se llevó a cabo a través de una sinuosa carretera que nos dejó a las puertas del encantador pueblecito de Ciurana (Tarragona). En este test no pretendimos aceleraciones bruscas ni súbitas correcciones de trayectoria, pues no lo merece el carácter del coche. Con todo, cuando otorgas peso al pie sobre el acelerador, la respuesta es inmediata y contundente, pero siempre dentro de una progresividad y suavidad que no dejan de sorprender. El sonido del motor V12 es música para los oídos: un ligero sonido aterciopelado que solo cambia cuando pisas más a fondo para regalarte con un leve rugido eléctrico y la sensación de amoldarte más al cómodo asiento.

Por otra parte, la estabilidad del conjunto es admirable gracias a un impecable trabajo de equilibrado del chasis y al sistema de suspensión neumática con brazo oscilante para el tren delantero y multibrazo para el trasero. Cualquier irregularidad del terreno es absorbida totalmente, y la sensación de marchar sobre un salón rodante domina todo el tiempo. A través del entramado de sensores tanto dentro como fuera del vehículo, un sistema informático calcula cada 2,5 milisegundos las circunstancias del trazado y adecúa la suspensión para ofrecer en todo momento un confort extraordinario, una estabilidad óptima y una seguridad máxima para el conductor. Realmente, estamos ante un coche de más de cinco metros y 2.500 kg que se mueve con gran ligereza en todas las situaciones, y es que Rolls Royce ha logrado un automóvil que se disfruta con total plenitud.

Por su parte, la dirección de dureza variable es suave y precisa al mismo tiempo, e invita en todo momento a tomar las curvas con la suavidad de un velero sobre aguas calmas. Y si a la salida de la curva pisamos con ganas, el empuje del V12 parece dar alas al Espíritu del Éxtasis para elevarse, como levantando ligeramente el morro del coche.

Conclusiones

Muy pocos automóviles en el mundo pueden transmitir las sensaciones que te embargan al conducir un Rolls Royce. Esta ha sido la segunda ocasión de probar uno de ellos y la excepcionalidad que despliega en Wraith en todos sus aspectos es inimitable. Verdadera obra de arte sobre ruedas, en la que flotas sobre el asfalto, sintiendo la esencia Rolls Royce en todo momento.

La unidad que hemos probado estaba pintada en color Bespoke Peacock Blue y lucía interior en color Selby Grey. Su precio de salida es de 322.000 €, llegando a los 431.500 € “full equipe”, opciones que vale la pena incorporar ya que estamos optando por uno de los mejores coches del mundo y que podemos personalizar hasta lo imaginable para que represente nuestro propio estilo.

Agradecimientos

    • Rolls Royce Barcelona
    • Bodegas Juve y Camps
    • Fotografías: Cristóbal Arjona