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El Volkswagen Taigo completa la familia de modelos SUV compactos de la firma alemana, que ofrece un crossover de aspecto coupé y planteamiento más emocional que los pragmáticos T-Roc y T-Cross.

La trayectoria de Volkswagen en los últimos años será digna de estudio en el futuro. Tras unos años convulsos, la firma alemana –y de hecho todo el Grupo Volkswagen- ha conseguido reinventarse para ponerse al frente de la ofensiva de electrificación en la que se encuentra hoy el mundo del automóvil. Su gama ID de coches eléctricos crece año a año y antes de que acabe esta década es muy probable que su oferta y ventas superen a las de los coches con motores de combustión. Atención, que no es que vayan a vender más coches que nunca, sino que en el mix eléctrico-combustión saldrán ganando sus coches con batería, a los que además sacarán más rendimiento económico. Pero eso es otra historia.

Pero entonces, si lo tienen tan claro, ¿para qué seguir desarrollando coches nuevos de gasolina? Pues, para empezar, porque hay que dar salida a una generación de motores que siguen siendo válidos, especialmente para todos aquellos usuarios –aún mayoría- para los que el coche eléctrico, por muy diversos motivos, todavía no puede ser una opción.

La otra razón es que, en realidad, el Volkswagen Taigo, que por cierto se produce en la planta de Landaben, más que un coche completamente nuevo es una carrocería diferente construida sobre una plataforma ya conocida, la del T-Cross y el Polo, que también se producen en Navarra. De hecho, ya a finales de 2020 se anunció el lanzamiento del Volkswagen Nivus, una réplica calcada este Taigo, pero fabricada en Brasil para el mercado suramericano y con, según asegura la marca, unos estándares de calidad distintos a los que se exigen en Europa.

Sea como fuere, entre la diversidad de mercados en los que está disponible esta atractiva carrocería, y que utiliza tecnología y gran cantidad de componentes del interior vistos en sus hermanos, podría decirse que creando este modelo Volkswagen tenía poco que perder (la inversión más fuerte ya estaba hecha) y mucho que ganar (los SUV coupé están más de moda ahora que los coupé-cabrio hace 20 años).

Pese a ello, a la hora de buscar rivales del segmento del Volkswagen Taigo solo se nos ocurre el Ford Puma como referencia más o menos directa, por eso de lo estilizado de sus líneas. Otros modelos como el propio Volkswagen T-Roc, el SEAT Arona, el Renault Captur o el Toyota Yaris Cross han apostado por un tipo de carrocería más convencional, aunque cada uno tiene algún rasgo característico que le desmarca del resto.

Atracción a primera vista

Hace ya tiempo que las carrocerías coupé dejaron de asociarse, de forma necesaria, con un temperamento claramente deportivo. El Volkswagen Taigo es un buen ejemplo de este cambio de planteamiento.

El motor 1.5 TSI de gasolina de 150 CV es de esos que por lo general ofrece buenas sensaciones en cualquier coche donde lo montes, especialmente cuando se asocia al cambio automático DSG de doble embrague, con 7 relaciones, de serie en el Taigo.

Se trata de una especie de versión básica de este propulsor de cuatro cilindros. Aunque combina la inyección directa con un turbocompresor en un motor de 4 cilindros, Volkswagen ha considerado que era suficiente como tope de gama para el Taigo, que también se ofrece con el voluntarioso 1.0 TSI de 110 CV.

Así, este 1.5 no dispone de sistemas más avanzados de ahorro de combustible, como el de desconexión de cilindros o la hibridación suave que le permitiría lucir la etiqueta Eco de la DGT en el parabrisas. Sin embargo, ofrece un buen empuje y a cambio no resulta demasiado gastón si somos comedidos con el acelerador.

Tras la prueba, el ordenador de abordo arrojó una media de 6,5 l/100 km, lo que no está mal para un SUV de más de 4,2 metros de largo y sin ningún tipo de ayuda híbrida, pero su rendimiento general está lejos de lo que podría considerarse un propulsor “prestacional”.

Pero es que el Taigo tampoco lo pretende. El acabado R-Line le da ese toque coqueto que hace que la gente se lo quede mirando por la calle. Y las llantas de 18 pulgadas opcionales que montaba la unidad de pruebas eran un plus estético. Pero una vez lanzados al asfalto, el postureo se echa a un lado y nos encontramos con la realidad de un coche que está pensado para llevar un buen ritmo pero sin sobresaltos.

Tiene un comportamiento dinámico que a priori anima a ir a buscar curvas, hasta que comienzas a buscar sus límites y te das cuenta de que o bien la suspensión es menos firme de lo que parecía, o tal vez unos neumáticos 215/45 sobre unos aros de semejante diámetro son a todas luces excesivos. Porque no solo condicionan el comportamiento dinámico, con unas reacciones poco predecibles a poco que el asfalto no esté perfectamente liso, sino que también bajan varios puntos el confort interior.

Un interior muy reconocible

Si la carrocería del Volkswagen Taigo, aun siendo original, es reconocible como una más de la completa familia de la firma alemana, en cuanto te sientas en el interior te será difícil saber si estás en un Polo o un T-Cross en lugar del SUV urbano de esta prueba.

El diseño del salpicadero, sobrio y ergonómico, con todos los mandos donde deben estar, es el mismo que el de sus hermanos. También la calidad de ajustes (por encima de la media como de costumbre) y de los materiales. En este caso, contrasta el agradable tacto blando del panel superior del salpicadero con los plásticos duros del resto del habitáculo.

La habitabilidad es correcta en las plazas delanteras, pero un poco justa en las traseras, sobre todo en la cota de espacio para las piernas, teniendo en cuenta que se trata de un coche que se ha alargado hasta los 4.271 mm de longitud. Sin duda, el partir de la misma plataforma que sus hermanos de vocación urbana ha condicionado el espacio interior, aunque como contrapartida nos encontramos con un amplio maletero de 440 litros de capacidad (1.222 litros con los asientos traseros abatidos).

Entre los equipamientos disponibles nos encontramos con los principales asistentes a la conducción (aviso de cambio involuntario de carril, detector de obstáculos con frenado de emergencia, regulador de velocidad adaptativo, sensores de ángulo muerto, faros led adaptativos, entre otros).

Por otra parte, el sistema de información y entretenimiento de la marca se ha evolucionado respecto a versiones anteriores y ahora cuenta con conexión inalámbrica a Apple Car Play y Android Auto entre otras mejoras, pero cuesta entre 615 y 1.530 euros dependiendo de si solicitamos el navegador Discover Media con pantalla de 8” o el Discover Pro con pantalla de 9,2” y control por voz.

Partiendo de un precio de salida de 32.790 euros en España, equipar el Volkswagen Taigo ideal puede llevarlo hasta bien por encima de los 35.000 euros, aunque actualmente la marca ofrece campañas de más de 2.265 euros.

Nuestra valoración

En plena era de la electrificación en el automóvil, es de agradecer que algunas marcas sigan teniendo presentes a los usuarios de hoy. El Volkswagen Taigo cumple a la perfección con varias premisas clave para muchos conductores: es un coche muy atractivo, especialmente con el acabado R-Line, y práctico, gracias a un buen maletero y unas posibilidades de equipamiento propias de un vehículo de última generación.

Por otra parte, su propulsor ofrece un buen equilibrio entre prestaciones y consumos, sin necesidad de contar con hibridación u otros sistemas de mejora de la eficiencia que incrementan la complejidad del conjunto.

De modo que podría decirse que, a pesar de ser un coche moderno, está hecho pensando en quienes siguen viendo el automóvil como siempre ha sido, un medio de transporte que nos da justo aquello que estamos buscando, tal vez un poco más, pero nunca menos.

Escrito por, Miguel Angel Solá

AGRADECIMIENTOS

  • Volkswagen España
  • Fotografías: Cristóbal Arjona

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