Si pudiéramos retroceder en el tiempo, y volver 20 años atrás, nos gustaría ver como sería el futuro del mundo del automóvil. Eso ya era posible, pues las marcas siempre han presentado prototipos que se avanzaban a la época en la estaban, y BMW, en su día ya lo hizo con el M1, cuando en 1978 presentó a un deportivo cuyas diseño causó impacto en aquella época.
En 2011, en el Salón de Frankfurt, BMW presenta al BMW i8 Concept, para posteriormente en 2013 presentar al i8 que hoy en día conocemos, cuya producción y entrega a clientes empezó durante el verano del año 2014, siendo desde entonces uno de los coches que más se han adelantado al futuro, pero que pueden ser disfrutados en el presente.
La versión que hoy ocupa nuestra prueba se dio a conocer dentro del marco del Salón de Ginebra en 2017, dónde la marca, descubría dos versiones denominadas Protonic, una de ellas en color Frozen Yellow y la otra Frozen Black, que se suman a los cinco colores en los que podemos configurar un i8, aunque estos dos, sean una edición limitada, que en este caso ofrece una nuevas llantas de 20”, así como el contraste de costuras de los asientos y la consola central en color amarillo, una placa en el umbral de entrada con la denominación de esta edición especial o los detalles cerámicos en el selector del cambio o el mando iDrive.
Con unas medidas de 4,68 metros de largo, 1,94 de ancho y una altura de tan solo 1,29 metros, su aspecto es imponente a la vez que singular por las formas y las líneas que BMW ha utilizado para realizar un coche aerodinámicamente perfecto que dispone de un coeficiente de 0,26 Cx. Todo en el exterior está pensado para que fluya el aire a través de una configuración aerodinámica perfecta, a la vez que para dibujar una preciosa silueta que da forma a un deportivo de aire futurista.
A simple vista, y sin abrir las puertas, nadie diría que estamos frente a un 2+2 plazas, aunque claramente las traseras son para un caso de extrema emergencia, y cuyo uso será para complementar los 154 litros de cabida del maletero.
El Cockpit del i8, pues mejor llamarlo así que no habitáculo, es de acceso complicado, pero en el que cuando te acomodas no da la sensación de que vas encajado y te falta espacio, más bien todo lo contrario. Si bien es cierto que para entrar y salir, hay que hacer una maniobra contorsionista, una vez te acomodas es como si estuvieras en el interior de un coche de carreras, pero con el ambiente premium y un diseño atípico pero conmemorativo a la marca.
Cuando abres las puertas del i8, lo primero que llama la atención es que el chasis del coche queda al descubierto, dejando una prueba evidencial de su construcción en fibra de carbono reforzada con plástico (PRFC), utilizada en la parte superior de su estructura.
Los asientos deportivos sin ser unos backets, recogen el cuerpo a la perfección, ofreciendo una posición de conducción muy cercana al suelo y aunque no lo parezca muy cómoda. El volante dispone de un tamaño y grosor perfectos a la vez que agrupa algunas funciones de control sobre el equipo de audio y el teléfono.
El salpicadero está orientado hacia el conductor, lo que premia que tenga a mano todo lo necesario para gobernar al i8. Particularmente, creo que aunque encontramos un diseño minimalista y sobrio, todavía debería ser más digital y tecnológico, pues hay todavía demasiados botones, cuando quizás todo podría gobernarse desde una sola pantalla.
Tras el volante, encontramos un cuadro digital representado a través de dos esferas, que nos indican la información en base al modo de conducción que hayamos seleccionado. En el caso de que escojamos conducir en modo eléctrico o Efficiency la pantalla es de color azul, y la información que vemos proyectada es en el reloj de la izquierda, la de la velocidad, y en la derecha el modo de uso del motor eléctrico. Si escogemos el modo de conducción sport, la pantalla cambia de color para ponerse en tonos rojos, y proyectar en el reloj de la derecha un cuenta revoluciones. En ambos casos, siempre vemos proyectado el nivel de carburante, así como el estado de carga de la batería y el consumo de los motores.
La segunda pantalla de 8,8” que ahora emplea el nuevo interface táctil, como hemos podido ver ya en diversos modelos de la marca, es muy intuitiva gracias a las nuevas grafías. Desde aquí se maneja todo el sistema de Info entretenimiento a la vez que el acceso a internet, el navegador o la configuración del coche, a la vez que puede verse representado un gráfico dinámico del uso del motor térmico o eléctrico, así como una gráfica del consumo y autonomía.
El climatizador bizona, está situado encima del selector del cambio automático, y a la izquierda de este, encontramos una botonera, en la que destaca el botón start, y el selector de modos de conducción (Comfort, Eco-Pro, eDrive y Sport), mientras que el iDrive está en una posición más retrasada lo que facilita su manejo.
Por la noche el interior del i8 es más espectacular si cabe todavía, gracias a la iluminación LED ambiente que le da un toque más futurista al habitáculo. Destacar como no la llave del i8, que al más puro estilo de un smartphone de última generación, permite ver la autonomía del i8, así como si está cerrado o tenemos las luces encendidas y encender la calefacción de forma remota.
El BMW i8, dispone de dos motores, uno de combustión de gasolina biturbo de 3 cilindros y 1,5 litros de cilindrada que rinde 231 cv situado en la parte trasera junto a la caja de cambios automática de 6 velocidades, y un motor eléctrico de 131 cv situado en el tren delantero, encargado de poner en marcha el motor de gasolina, a la vez que recargar la batería y combinarse con el de combustión para ofrecer en conjunto una potencia de 362 CV, y que permiten circular en modo eléctrico durante un máximo de 37 kilómetros.
Ambos motores pueden funcionar de forma independiente o al unísono algo que podemos controlar a través del selector de modos de conducción o bien desde el botón e-Drive que activa el modo de conducción 100% eléctrico, por lo que con ambos motores en marcha, tenemos los más parecido a un sistema de tracción xDrive.
El sonido que ofrece este motor, es sin duda singular, pues gracias a su amplificación electrónica, es los más parecido a un V8 cuando lo utilizas en modo Sport, en condiciones normales, apenas se aprecia rumorosidad en el interior, y tan solo un pequeño silbido es perceptible cuando conduces con el motor eléctrico.
Sus prestaciones también son merecedoras de ser mencionadas, pues acelera de 0 a 100 km/h en tan solo 4,4 segundos, algo que su hermano, el BMW M6 hace con 560 cv.
En lo que a consumos se refiere, BMW ha homologado un consumo medio de 2,1 litros a los 100 km, que en carretera o durante una prueba es prácticamente imposible de conseguir. Durante nuestra prueba, conseguimos un consumo medio de 6,8 litros, durante los más de 470 kilómetros que hicimos. Cifra que no esta nada mal, teniendo en cuenta su escasa autonomía para conducirlo en modo eléctrico, y que evidentemente es un coche que te invita a sacar lo mejor de su mecánica.
Con la nueva actualización que BMW ha llevado a cabo en el motor eléctrico, las nuevas versiones ofrecen una potencia conjunta de 374 cv y una autonomía en modo eléctrico de 55 kilómetros, lo que te permite tener en tu garaje a un híbrido enchufable de los de última generación.
La batería pasa ahora a tener 9,4 kWh, en vez de los 5,2 kWh, siendo capaz de impulsar al i8 en modo eléctrico hasta los 105 km/h con el modo de conducción Normal activado, y de 120 km/h con el modo e-drive.
Para cargar las baterías, puedes hacerlo de dos maneras, o bien enchufándolo en la toma de tu casa, donde con una potencia de 2,3 kW utilizará menos de 4,30 horas para la carga, o bien, o bien si lo enchufamos a una toma de corriente de 3,6 kW reduciremos el tiempo de carga hasta las 3 horas.
Durante la marcha, también es posible cargar las baterias, con la regenración de la frenada, o bien con el modo de conducción power safe que permite cargar la batería con el motor de combustión, lo que supone claro está que el consumo del motor térmico se eleve sustancialmente.
Como es de esperar el i8 ofrece un equipamiento muy amplio, y del que soprende que en el listado de opcionales, tan solo hayan pocas cosas entre las que escoger (Preparación Apple CarPlay, receptor DAB, alarma, acceso confort, revestimiento techo en antracita, cinturones BMW i Blau, Cubierta del motor en cuero, faros láser BMW). Es posible configurar el coche entre cinco colores exteriores y entre tres líneas de acabado interior (Default, Halo y Accaro). Dentro del equipamiento de serie, encontramos el Head-up-Display, iluminación ambiental, faros LED, equipo de música Harman Kardon, tapicería de cuero integral o llantas de 20” calzadas con neumáticos 215/45 en el eje delantero y de 215/45 a 245/40 detrás, BMW Display Key, Sistema de navegación profesional, Driving Assistant, PDC y asientos eléctricos con calefacción entre otros.
Tras recoger el coche en el concesionario, y con una autonomía de 37 kilómetros en modo eléctrico, condujimos durante 11 kilómetros por la ciudad, para después coger la autopista, donde pudimos comprobar, que es fácil ver en el ordenador de abordo cifras de consumo de entre 5,5 y 6 litros conduciendo a velocidad de crucero.
Al salir de Barcelona, tomamos rumbo hacia el sur, con la intención de entrar en la autopista y comprobar el segundo de los modos de conducción, el Confort. Aquí el i8, usa su inteligencia para llevar a cabo una conducción de forma eficiente, en la que ambos motores se combinan en función de la velocidad o de la demanda que hagamos al pedal del acelerador.
Con el modo sport activado, y conduciendo en una carretera de curvas, es donde puedes apreciar que este coche, aun no siendo un deportivo al 100%, ofrece unas sensaciones meritorias. Por un lado, su esquema de reparto de pesos, a la vez que el echo de llevar dos motores, ofrece un comportamiento dinámico excelente para conducir en zonas reviradas, donde el coche gira plano y ofrece un aplomo y guiado excelentes, gracias como no, a la dirección eléctrica que hace que al volante todo sea fácil.
Cuando ambos motores funcionan al unísono, la capacidad de aceleración del i8 es brutal, ya que la sensación que tienes, es la de que el motor de combustión está acompañado de un kers, que entrega toda su potencia como si de un sistema Overboost se tratara.
Tras unos kilómetros conduciendo sacando lo mejor del i8, nos llevamos una grata sorpresa, y es que todavía y tras hacer unos 12 kilómetros por un puerto de montaña, las baterías gracias al sistema de frenada regenerativa, habían mantenido casi íntegro el porcentaje de carga de un 75% con el que empezamos.
Es la segunda vez que nos ponemos al volante de un BMW i8, y os podemos asegurar que este coche, tiene algo especial, y no es solamente su diseño. No es un deportivo al uso, tampoco se ha concebido para ese fin, aunque ofrece un comportamiento similar al de otros deportivos, aunque en este prima la gracia de poder conducirlo en modo eléctrico disfrutando de un silencio que invade el habitáculo.
Escrito por, Miguel Angel Solá
Agradecimientos
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- Fotografías: Cristóbal Arjona