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Hace unos días, tuvimos la oportunidad, de acudir a una cita muy especial, organizada por Goldcar en el Circuito de Albacete, la Goldcar Racing Experience, evento que reunió durante cuatro intensos días a diversos medios de comunicación, influencers, así como a personal de la propia empresa, para llevar a cabo una experiencia única.

Nuestra jornada dio comienzo con un briefing, que fue dirigido por el piloto español Adrián Campos Junior, dueño y piloto de la escudería Campos Racing, que está esponsorizada por Goldcar, empresa líder en el alquiler de coches vacacional, fundada en el año 1985 por los hermanos Alcaraz y que hoy en día está bajo el paraguas de Europcar.

La primera toma de contacto con el trazado albaceteño, lo haríamos a bordo de un Renault Clio CUP X98, un vehículo fabricado por Renault Sport, que dispone de un motor de 1,6 litros y desarrolla una potencia de 230 CV lo que unido a un cambio Paddel Shift y a un peso de 1.050 kg lo convierten en un verdadero juguete para aprender a conducir en un circuito.

Tras anclarnos literalmente en el backet de competición, y recibir unas instrucciones del piloto que, en este caso nos acompañaría durante las vueltas que dimos al circuito, sorteamos la difícil maniobra de arrancar el coche, pues todo y que el cambio es secuencial, salir con la primera marcha se hace de forma manual, y no es nada fácil.

Abordamos la recta de salida para llegar a una curva de derechas, empezar a empujar, tras familiarizarnos un poco con el Clio, para seguir las indicaciones de nuestro copiloto y disfrutar al máximo estas vueltas. Nos sorprendió mucho el comportamiento del Clio, pues es una pista tan técnica como esta su tamaño y empuje hicieron que disfrutáramos de cada curva, en la que os aseguro, que las ruedas traseras, en alguna ocasión quedaban en el aire antes de pasar por los pianos, lo que demuestra la capacidad que tiene este “pequeño bólido” de afrontar un paso por curva muy elevado.

Volvemos a boxes, para llevar a cabo la siguiente prueba, en lo que sería una maqueta de un Formula 2, y era, la de intercambiar los papeles con los ingenieros de Campos Racing, para simular un cambio de neumáticos en un pit stop, maniobra que equipos en la F1 como Ferrari o Red Bull, consiguen hacer en tan solo 2,1 segundos, y que aquí, nos cronometrarían para competir con los otros dos equipos.

Tras situarnos 3 compañeros por rueda, nos enseñaron a hacer funcionar la pistola con la que se afloja la única tuerca que sujeta a la llanta, a la vez que a sacarla y dejar sitio para que otro compañero tras acertar con el buje introdujera el neumático nuevo. Todo esto parece una maniobra fácil, pero no lo es, ya que tanto el uso de la pistola, al encararla con la tuerca, como el hecho de sacar y volver a meter la llanta, no es tan fácil como parece, así que, tras diversos intentos, nuestro mejor tiempo fue de 5,1 segundos.

Otra de las acciones que Goldcar y Campos Racing nos había preparado, eran dos vueltas de copilotaje en un Radical SR8 RX, un deportivo de fabricación Británica que se aproxima mucho a un LMP de competición, basado en un chasis tubular de acero y con una carrocería de compuesto plástico, que esconde en la parte trasera un potente motor V8 de 2,7 litros con un potencia de 405 CV a 10.500 rpm, ensamblado a una caja de cambios automática tipo Paddel Shift de 6 velocidades, capaz de lanzarlo de 0 a 100 km/h en tan solo 2,8 segundos.

En esta ocasión fue el joven piloto venezolano Sebastián Fernández, el que se pondría al volante del Radical, para darnos muestra de sus habilidades en la Formula 3, campeonato en el que compite, tutelado por la escudería de Campos Racing desde principios de año. Quisimos dar con él las vueltas antes de subirnos al F3, para así, poder conocer un poco mejor el circuito. Tras subirnos al coche, y arrancar, enseguida nos dimos cuentas de que este Radical era muy diferente al Clio RS y al F3 que nosotros íbamos a pilotar, pues su motor V8 empujaba como si no hubiera un mañana.

Sebas, hizo dos vueltas al trazado albaceteño, subiéndose literalmente por los pianos en cada una de las curvas para demostrarnos su habilidad al volante, y os aseguro que lo consiguió, pues cada curva que trazaba era una delicia de la que aprendíamos un poco para después poner nosotros en práctica en las vueltas que daríamos con el F3.

Y por fin llegó la hora, la de pilotar un Fórmula 3, la de ponernos al volante de todo un monoplaza para sentir las sensaciones que un piloto tiene antes de cualquier carrera. Enfundados en el mono, nos ponemos los guantes, el casco, y tras salvar la tediosa maniobra de entrar en el monoplaza, un ingeniero nos daría antes de entrar a pista las últimas, pero no menos importante instrucciones para que nuestras vueltas fueran una delicia.

En el momento en el que oyes el sonido del motor, y tan solo frente a ti, tienes la vista sobre el horizonte, os podemos asegurar que te sientes como un piloto. Los nervios afloran, pues sabes que la salida, que se hace en primera velocidad, puede llevar a calarte el motor, algo que queríamos evitar pero que no conseguimos. Tras un segundo intento, subiendo el motor de vueltas, salimos a la pista tras el Clio RS que nos haría de liebre, y ya podéis imaginaros porqué.

Negociamos la primera curva de derechas, empezamos a ver como el Dallara no es tan difícil de pilotar como nos habían comentado, y que ofrece un comportamiento bastante noble, eso sí, haciendo caso a las instrucciones que habíamos recibido por parte de los miembros de Campos Racing, y al recuerdo que me vino a la cabeza de todos aquellos consejos que mi amigo David Bosch, piloto e instructor, cada vez que lo he tenido como copiloto, me ha dado; “mira largo”, “mira al final de la curva”, “no aceleres cuando gires” y “ten paciencia con el acelerador”, estas, junto a otras frases que el mismo Adrian Campos Junior me dio minutos antes de subirme a este monoplaza me dio, fue lo que me hizo disfrutar del pilotaje del Dallara, que carece de cualquier tipo de ayuda electrónica como ABS, control de tracción o asistencia en la dirección.

Tras girar a un ritmo, que podríamos decir fue “rapidito”, llegó la hora de entrar a boxes, con el pulso acelerado, y con una cara que me hubiera gustado ver, me dispongo a poner punto muerto para detener el F3. En el preciso instante que se acercó un ingeniero para quitarme el arnés, sentí por un momento que había disputado el Gran Premio de mi vida, algo que, sin duda, agradeceré a Goldcar eternamente.

El F3 que tuvimos la ocasión de pilotar, es un monoplaza que está en activo dentro de la escudería Campos Racing. Hablamos de un Dallara F312 con chasis de fibra de carbono y que lastra tan solo 570 kg, y que dispone de un esquema de suspensiones de doble triangulo en ambos ejes. En cuanto al motor, este Dallara, utiliza un Toyota de 2 litros (3SGE) que rinde una potencia de 245 cv a 7.150 rpm y que dispone de un cambio semi automático tipo Paddle Shift Pneumatic de 6 relaciones. En cuanto a la aerodinámica, elemento muy importante en este monoplaza, los ingenieros con los que tuvimos ocasión de charlar, nos comentaron que este Dallara es un monoplaza que ofrece mejores sensaciones y agarre cuanto más deprisa puedes ir, gracias a las diversas soluciones aerodinámicas que presenta para ejercer downforce y dejarlo así literalmente pegado al suelo, algo que en este circuito es difícil de comprobar, y más, llevando un coche delante que nos hacía de liebre.

Durante la comida, pudimos comentar con nuestros compañeros periodistas esta jornada que sin duda fue un día muy especial, que guardaremos con muy buen recuerdo en nuestra redacción, y que fue posible gracias a la cortesía de Goldcar, así como por la profesionalidad de la escudería Campos Racing, que no solo aporto sus deportivos, sino que además nos instruyeron como su fuéramos pilotos, aunque solo fuera, por unas horas.

Escrito por, Miguel Angel Solá