Compartir

Es la cuarta prueba que llevamos a cabo con un BMW M2, y seguimos diciendo lo mismo, que este coche para entenderlo lo tienes que probar. Ofrece tantas sensaciones, que es prácticamente imposible transmitirlas en palabras, o al menos de forma escrita, sobre todo, cuando has tenido la oportunidad de pilotarlo en el circuito escuela Fast Parc Motor de Castellolí, donde a rienda suelta, este coche no solo te saca de tus casillas, sino que saca lo mejor de ti.

El M2 nació como todos los M puros, como un tracción trasera, pero la marca ha decidido poner a disposición de sus clientes, la posibilidad de equiparlo con el sistema de tracción integral M xDrive, con un sobreprecio de 3.000€. Además, podremos identificar de un solo vistazo a aquellos M2 que lo equipen, pues lucirán en exclusiva el color Borusan Turkish Blue.

Pero hoy no vamos a hablaros de esta mejora que está pensada para poder sacar más provecho a todo el potencial de este M, sino que os vamos a hablar del M2 con tracción trasera que nosotros hemos tenido ocasión de conducir. O pilotar, según se mire.

DISEÑO PORTENTOSO

Este BMW M2 transmite una presencia deportiva difícil de igualar, con un diseño distintivo que sigue el actual lenguaje de los modelos más potentes de la marca, aunque con sus propias señas de identidad, como es el caso del frontal, que es sin duda el gran protagonista del más pequeño de la familia M. Sin duda, en su presentación, tuvo muchos detractores, pero también muchos defensores, nosotros, siendo sinceros, os podemos decir que nos gusta más la zaga que la delantera, pero para gustos los colores.

Esta parte del coche nos deja ver lo bestia que es, y como su carrocería va ganando músculo a lo largo del capó, dejando una vista de los pasos de rueda sobredimensionados, mientras que en la vista lateral se puede apreciar cómo la aleta delantera da paso al faldón de la puerta y, posteriormente, vuelve a crecer la carrocería en la zona trasera. En esta vista también adquieren especial protagonismo las espectaculares llantas de 19 y 20 pulgadas que dejan entre ver el potente equipo de frenos firmados por M, como no.

Pero si hay una zona que consideramos es muy acertada, es sin duda la zaga, donde esa cubierta del maletero, corta, coronada por un pequeño deflector, y un imponente difusor que alberga cuatro preciosas salidas de escape, es una declaración de intenciones.

Para desarrollar el nuevo BMW M2, BMW ha tomado como base la plataforma utilizada por los M3 y M4. Una buena prueba de ello es que la diferencia de longitud respecto a un M3 es de tan solo 214 milímetros, mientras que la batalla se reduce en 110 milímetros. La adopción de esta plataforma se ha traducido también en un aumento de peso con respecto a su anterior generación, ganando ahora 175 kilos, lo que hace que se acerque ligeramente hasta las 1,8 toneladas.

HABITÁCULO RACING

En el habitáculo, lo primero que llama poderosamente la atención son los espectaculares asientos backet tapizados en piel y con una estructura de carbono. Como sucede con buena parte de los elementos de este coche, tampoco están exentos de detractores, ya que hay quien considera que la pieza central que separa las piernas en fibra de carbono también es algo incómoda, sobre todo a la hora de entrar o salir del vehículo.

La tecnología ha adquirido un protagonismo cada vez mayor en los BMW, así que las pantallas digitales son espectaculares y ofrecen una cantidad de información enorme, pero sigo pensando que en un coche de estas características un buen cuadro analógico con agujas tendría un encanto difícil de superar. Evidentemente, esto no deja de ser una opinión personal, a la que nadie en la marca pondrá remedio.

Tras el volante M tapizado en alcántara encontramos la doble pantalla curva, formada por un display de 12,3 pulgadas que hace las funciones de cuadro de instrumentos y una pantalla táctil de 14,92 pulgadas situada en la parte superior de la consola central desde la que se controla todo el sistema de infoentretenimiento a la vez que se pueden configurar por separado muchísimos parámetros de la conducción o la asistencia a la conducción.

En la parte más baja de la consola central encontramos el selectos del cambio, así como el mando iDrive y los botones para configurar los modos de conducción y un botón que abre las válvulas de los escapes, dejando más si cabe un sonido de los más agradable.

Esta unidad, ofrecía una deportiva combinación entre la piel, la alcántara y las inserciones en fibra de carbono. Por su parte, en la trasera encontramos unos asientos que dan cabida a dos pasajeros únicamente, a las que después de un pequeño ejercicio de contorsionismo puedes acceder sin problema. El maletero tiene una cabida de 390 litros, mas que suficiente para el equipaje de 4 ocupantes.

El precio de partida del BMW M2 es de 98.500€ y de 99.100€ para la versión con cambio manual. Cuenta de serie con una dotación de equipamiento realmente completa. Entre otros elementos encontramos las llantas de 19 y 20 pulgadas, molduras exteriores M en negro brillo Shadow Line, BMW Live Cockpit Plus con BMW Curved Display, asientos deportivos, suspensión y diferencial M Sport o el potente equipo de frenos firmado por M, aunque nuestra unidad de pruebas lucía también opcionales como, la pintura exterior BMW Individual Frozen Pure Grey Metallic, llantas LAL M de 19”, tapicería interior Cuero Merino Schwarz, molduras en fibra de carbono, paquete M Race Track, Paquete Innovación II o el  Volante en Alcántara M, que nos dejan una factura total de 123.000€.

MOTOR “GORDO, MUY GORDO”

Bajo el prominente capó encontramos algo que, como diría cualquier aficionado al automóvil, es gordo, muy gordo. Hablamos del mismo bloque que encontraremos bajo  sus hermanos mayores, el M3 y M4, pero suavizado. Un seis cilindros en línea biturbo de 3,0 litros, aunque en este caso con una potencia específica inferior de 480 CV a 6.250 rpm y un par máximo de 550 Nm disponible entre 2.650 y 5.870 rpm, con lo que es capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en apenas 3,7 segundos y de lanzarse cómodamente hasta los 250 km/h, aunque puede aumentar hasta los 280 km/h si optamos por equiparlo con el paquete M Driver.

Para transmitir toda esta potencia al asfalto encontramos una caja de cambios automática ZF de ocho velocidades y convertidor de par, una transmisión que ya había demostrado sus excelentes capacidades en modelos como el M4 CSL y que destaca por su rapidez y precisión, que además permite regular con un selector en la propia palanca de cambio, la rapidez de los cambios de los cambios.

Y, como debe ser en un BMW M2 que quiera hacer honor a su nombre, toda la potencia termina en el eje trasero, bajo el control de un sistema que cuenta con nada más y nada menos que diez niveles diferentes de intervención. El conductor puede dejar que actúe automáticamente o asumir el control y decidir cuánto margen quiere conceder a las pérdidas de adherencia, para garantizar así una conducción óptima en carretera o sobre un firme mojado, por ejemplo, o bien, dar rienda suelta en circuito dejando que la trasera, básicamente todo el rato pueda ir deslizando a su antojo, como fue el caso de nuestra visita a Fast Parc Motor.

Dentro del menú Setup M podemos regular individualmente la respuesta del motor, el tren de rodaje, la dirección y los frenos. De esta manera, y con solo pulsar uno de los botones correspondientes situados en el volante, después de haber guardado nuestra configuración favorita, podemos transformar el comportamiento del coche prácticamente por completo, pudiendo tener un M2 relativamente dócil para utilizar a diario o convertirlo en una auténtica máquina de sensaciones.

Otro de los elementos más llamativos de este deportivo es el M Drift Analyser, un completo sistema que, como su propio nombre indica, analiza nuestra conducción cuando decidimos poner el eje trasero a trabajar. El sistema es capaz de registrar la duración del derrapaje, el ángulo de deslizamiento y la distancia recorrida. Sin duda, es algo totalmente adictivo, aunque su uso debería quedar única y exclusivamente reservado para un entorno controlado y cerrado al tráfico como lo es un circuito.

Los frenos son, sin duda, otro de los elementos fundamentales para detener semejante misil. Tras las enormes llantas encontramos un potente equipo firmado por M, con pinzas delanteras de seis pistones y discos de material compuesto de 380 milímetros en el eje delantero y 370 milímetros en el trasero. Un conjunto preparado para soportar frenadas continuas y contundentes sin mostrar prácticamente signos de fatiga.

CONDUCIR O PILOTAR, TU DECIDES

Poner en marcha este coche ya es todo un espectáculo, porque sabes lo que te espera, cuando decides acomodarte en esos backets y pulsas el botón de arranque. Es una lástima que el sonido no tenga el mismo protagonismo que en la generación anterior, pero aun así el seis cilindros sigue regalándonos un gorgoteo bronco y contundente que nos recuerda en todo momento que estamos ante un auténtico M.

El M2 te incita constantemente a buscar una carretera de curvas para sacar a relucir todo su potencial y, cómo no, ese piloto que todos llevamos dentro. Pero si realmente quieres ir deprisa con este coche, tienes que saber muy bien lo que estás haciendo, porque llevarlo por encima del límite no es una tarea sencilla, porque es un coche muy nervioso, con muchas ganas de enseñarte la trasera.

Con una configuración Sport y el control de tracción reducido al 50%, el coche se muestra especialmente nervioso, aunque su tren delantero con una facilidad sorprendente en las curvas, mientras que el motor te catapulta inmediatamente hacia la siguiente. Aun así, resulta una auténtica delicia comprobar cómo BMW continúa trabajando generación tras generación para hacer de sus modelos M coches cada vez más eficaces y, en teoría, más fáciles de conducir, de ahí que hayan decidido como os hemos comentado al inicio de la prueba dotar a este M2 de la tracción M xDrive.

El diferencial trasero con sistema de deslizamiento limitado funciona a la perfección y permite jugar con la trasera del coche durante las transición entre curvas, algo que se hace con muchísima facilidad, una vez le pillas el truco. La suspensión es otro de los grandes responsables de que el paso por curva sea sencillamente espectacular, ya que deja a este coche como si de un kart se tratara, dejando básicamente nulos movimientos innecesarios de la carrocería, transmitiendo a la vez una sensación de control absoluta.

Los 38 milímetros que ha ganado en el ancho de vías delantero y los 4 milímetros adicionales en el eje trasero, unidos a unos neumáticos de 275/35 R19 delante y 285/30 R20 detrás, son una garantía más de que este coche parece literalmente pegado al asfalto.

Para probar un coche de este calibre lo ideal es hacerlo en un circuito, pero nosotros decidimos rizar el rizo, y nos fuimos hasta Fast Parc Motor, la escuela de conducción pilotada por nuestro amigo David Bosch, quien no dudó ni un momento en dejarnos su trazado para que pudiéramos disfrutar de la esencia del M2 en una de las curvas más mágicas que hay para aprender a dominar un coche con casi 500CV, tracción trasera y sin controles.

CONCLUSIÓN

Aquí la pregunta es clara. ¿Con que coche compararía el BMW M2? La verdad es que es de aquellos deportivos a los que nos cuesta sacarle un rival, porque está claro que lo tiene. Coches con casi 500CV y tracción trasera los hay, pero, ¿van tan bien como este? Quizás la respuesta más acertada sería que esos modelos no salieran de la marca, y se llamen M3 o M4.

Es un coche perfectamente válido para utilizar a diario, pero al mismo tiempo no decepcionaría en absoluto si decidimos llevarlo a un Track Day. Más bien todo lo contrario, ya que estamos muy convencidos de que, en las manos adecuadas, podría poner en serios aprietos a algunos de sus rivales más directos.

Este BMW M2 ocupa, junto al M3 Touring un lugar muy especial en nuestro garaje ideal, por todo lo que es capaz de transmitir, pero más allá de eso, por la facilidad con que lo hace.

Escrito por: Miguel Ángel Solá

Agradecimientos

BMW España

Fotografías: @cristobalarjonafoto

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here