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La familia SUV de la estrella crece con la incorporación de un modelo con poca competencia en el mercado, el Mercedes-Benz GLB 200. Nos ponemos al volante de este todocamino de estética muy campera, espacio para siete pasajeros y un propulsor gasolina de 163 CV de potencia.

Vivimos tiempos en los que la singularidad se ve premiada a cada instante. Ser diferente es estar en la onda. Cumplir con nuestros sueños y expectativas, sean las que sean, se ha convertido en el karma de nuestro día a día, también en lo que a consumo se refiere. Para estar a la altura, las firmas de automoción han tenido que introducirse en la carrera de fondo más agotadora y creativa de su historia. El lanzamiento de modelos nicho como el Mercedes-Benz GLB es un claro ejemplo. Este todocamino podría ser la antesala de un “todo vuelve”, con aires de 4×4 de antaño, que recuerdan al GLK, pero con el toque urbanita y sofisticado que caracteriza a la firma de la estrella. Un SUV con espíritu de carretera, look de montaña y espacio para hasta siete pasajeros del que hemos probado la variante GLB 200, con propulsor 1.4 litros de cuatro cilindros que rinde 163 CV y 250 Nm de par máximo.

La libertad individual se ha trasladado a la industria, ansiosa por abarcar todo tipo de propuestas o corrientes que surgen en el mercado. La tendencia del SUV se estableció desbancando a los todoterrenos de formas cuadradas y contundentes. Las líneas se volvieron más fluidas e incluso nos hemos permitido el valor de crear el concepto ‘deportivo’ como los Mercedes-Benz GLC coupé, de belleza intachable pero un sinsentido de funcionalidad. El Mercedes-Benz GLB es todo lo contrario. Su carrocería de líneas cuadradas recuerda a los 4×4 de toda la vida, aquellos capaces de superar cualquier obstáculo y resistir las peores condiciones.

Algo que no podría hacer este crossover de espíritu más burgués y familiar, con unas cotas que lo alejan del segmento compacto y lo aproximan al GLC peligrosamente. Mide 4,63 metros de largo, apenas dos centímetros menos que su hermano mayor, pese a que, a primera vista, parece más pequeño y contenido. Mide 1,83 metros de ancho por 1,65 metros de alto (1 centímetro más que el GLC) y tiene una distancia entre ejes de 2,83 metros. Comparte plataforma con el GLA, del que supera con creces el espacio y la habitabilidad pero conserva su esencia de asfalto. Es lógico que tras situarlo en el portafolio de la gama Mercedes-Benz surge la primera duda: ¿Por qué han creado al GLB?

La respuesta es mucho más sencilla y obvia de lo que parece. El Mercedes-Benz GLB es el primer todocamino compacto de la firma en ofrecer espacio para siete pasajeros, un detalle que lo convierte en un modelo casi único en el mercado. El único rival digno, por tamaño y precio, es el Land Rover Discovery Sport, con mejor equipamiento pero un tacto de conducción que no encajaría con alguien que busca el refinamiento de un Mercedes-Benz.

Antes de dedicarnos a su habitabilidad, existe otro aspecto que lo hace especial: su diseño. Con el Mercedes-Benz GLB la firma ha querido echar la vista atrás. Sus formas cuadradas, cortos voladizos y zaga casi vertical, recuerdan a épocas mejores de los todoterrenos puros. Tiene una personalidad off-road muy marcada, representada por el frontal elevado, la cintura lateral en una posición muy alta y los pasos de rueda marcados y protegidos con plásticos negro. El toque diferencial lo aporta su morro alargado, al más puro estilo 90’s, que termina en un parabrisas bastante vertical y la zaga casi recta, como si se tratara de un SW o ranchera.

La unidad probada contaba con el paquete estético AMG, que es opcional y aporta elementos específicos como la parrilla, decoración negra y cromada o el paragolpes más marcado. Algunos pueden pensar que le quita carácter todoterreno, otros defendemos que le da más razón de ser. No estamos ante un 4×4, tampoco tiene sus capacidades. Al GLB lo veremos principalmente en la ciudad y las vías rápidas, por lo que el difusor más grande y los splitter delanteros le sentarán de maravilla. El color rojo Patagonia es un extra de 1.314 euros y las llantas de aleación de 19 pulgadas y 5 radios llegan con el paquete AMG, de más de 2.000 euros.

Un interior conocido

El interior del Mercedes-Benz GLB se nos hace familiar al primer instante. En él podemos encontrar la distribución típica de los modelos de la estrella, que destacan por la presencia de dos pantalla de 10,25 pulgadas. Una de ellas realiza las funciones de cuadro de instrumentación, con diferentes modos de visualización y una calidad que cuesta encontrar en cualquier otra firma premium. Es posible que los primeros días, o las primeras horas, al volante de un Mercedes de última generación se nos hagan algo intensas, con tantos colores, luces e impactos visuales. Luego nos iremos acostumbrando y adaptando el sistema a la iluminación ambiental que más nos agrade.

La pantalla central, también de 10,25 pulgadas, se encarga del sistema de infoentretenimiento gracias a la última actualización llamada MBUX (Mercedes-Benz User Experience). Hemos hablado largo y tendido sobre esta tecnología y su reconocimiento de voz inteligente, que permite hablarle al coche como si lo hicieras con un copiloto humano al activarlo con el ‘Hey Mercedes’. En este caso, el GLB parece más lento, intrusivo y “poco inteligente” pero también aumentamos la exigencia a medida que nos acostumbramos a su presencia.

Lo que no acaba de gustarnos es que la compatibilidad con Apple CarPlay y Android Auto sea una funcionalidad opcional que cueste 377,25 euros. A día de hoy la conectividad es esencial y en un coche premium no sienta bien desembolsar más dinero por algo tan básico. En resumen, si sumamos todos los extras aplicados a la unidad probada, el más destacable es el Paquete Business Plus con otras funcionalidades esenciales como la cámara marcha atrás, el asistente de aparcamiento Parktronic, sistema de sonido Advanced e integración con los smartphones por 5.419 euros. Eso sí, te incluye el AMG Line por lo que descontamos los 2.209 de ese extra.

Si bien la estética AMG exterior nos agradó, la interior la encontramos innecesaria. Estamos ante un modelo con toques de todoterreno, como las molduras metálicas de las puertas y el salpicadero, por lo que descuadran las costuras rojas o el volante deportivo. Nos habría gustado más un aro contundente y de diámetro mayor, manteniendo los comandos multifuncional que te permiten acceder a ambas pantallas. A cambio, tenemos un espacio con bastantes huecos para guardar objetos y una guantera considerable, más que necesaria si pensamos en el GLB como un coche familiar.

Espacio para siete muy justo

Lo que hace realmente único al GLB, e interesante comercialmente, son sus siete plazas. Esta opción, por la que debe desembolsarse 1.150 euros, es ideal para aquellos conductores que requieran de ese espacio de forma esporádica. En el fondo no estamos hablando de un todocamino de grandes dimensiones como un Audi Q7, por lo que la amplitud no es su fuerte. Las plazas delanteras son espaciosas y la posición de conducción elevada ofrece sensación de seguridad y control, algo acentuado por ese capó alargado pero recto. Es muy fácil encontrar tu lugar gracias a la regulación eléctrica de los asientos y la altura no será un problema, ya sea en gente baja como lo contrario.

Cabría esperar un espacio notable en las plazas de la segunda fila y cumple, pero raspado. El GLB es un coche bastante amplio, con la ventaja de tener mucho margen hasta el techo, al no descender al estilo coupé. Sin embargo, la consola central de los modelos de tracción total suele perjudicar al tercer pasajero (central), que además tiene un mullido más duro y estrecho. Por suerte, la banqueta se puede desplazar de manera longitudinal y permite la inclinación de los respaldos. De esta manera, en caso de no llevar gente atrás, podemos ampliar el espacio y mejorar el confort de los acompañantes más habituales.

La tercera fila es un recurso testimonial. En 2,83 metros de batalla tampoco se puede hacer magia y las dos plazas de atrás cumplen el expediente. Acceder a ellas es toda una odisea y el confort que ofrecen no consigue superar el aprobado, dejando la altura de las rodillas muy arriba casi a la altura del trasero. Por ese motivo, el uso de estas plazas será casual y no puede comprarse el GLB pensando en ellas de forma recurrente. Además, el maletero pasa a ser una mínima expresión si levantamos dichos asientos.

Hablando de maletero, el espacio de carga del Mercedes-Benz GLB es otro de sus puntos fuertes. Eso sí, siempre y cuando no tengamos las siete plazas disponibles. Sin ellas, contaremos con una capacidad máxima de 640 litros hasta los 500 litros en función de la banqueta de la segunda fila. Si directamente compramos el GLB en configuración 5 plazas tendremos 70 litros más de inicio, con un total de 570 litros.

Al volante del GLB

El diseño aventurero y campero del Mercedes-Benz GLB 200 puede confundirnos pero no hablamos de un SUV de capacidades off-road. Solo hacen falta unos pocos kilómetros para entender la esencia de este todocamino, de conducción refinada y extremadamente confortable. El conjunto del vehículo está pensado para ofrecer una rodadura agradable, bastante silenciosa y fácil, muy fácil de predecir. Será el aliado perfecto de las familias urbanitas que, de vez en cuanto, quieran tomar rumbo a un destino más alejado por carreteras rápidas como autovías o autopistas.

El motor 1.4 de cuatro cilindros, que rinde 163 CV de potencia y 250 Nm de par máximo, se nos quedó corto en cuanto empezamos a exigir en tramos convencionales. Es entonces, al empezar un tramo de curvas, cuando le salen los colores al GLB. El cambio automático había respondido de forma eficiente hasta entonces pero su función es la del ahorro, algo que penaliza en un trayecto de diversión. También cabe decir que no nos imaginamos al cliente de un coche así a toda pastilla por un puerto de montaña. Nuestro trabajo es exponerlo ante cualquier situación y, en ese caso, es mejor optar por el control de las levas y anticiparse a la siguiente curva. Pronto aparecerán los primeros subvirajes y los cambios de peso harán que aflojemos el ritmo: el confort es su mejor cara.

Los modos de conducción nos ayudaron en esos momentos críticos pero las diferencias no son para tanto. Tenemos las opciones Individual, Sport, Comfort y ECO, con el tarado de la caja de cambios D (normal) o S (Sport). Estas modificaciones afectan a la respuesta del motor, la dureza de la dirección y la velocidad de la transmisión, siendo la Comfort la que más me convenció para el uso habitual.

La diferencia de consumos entre los modos de conducción no nos pareció destacable y finalizamos la prueba con 8,6 l/100 km en el mercado. La firma homologa 7 l/100 km, un dato que podría ser alcanzable si nos comportamos mejor con el acelerador y recurrimos a las vías más acordes a su espíritu viajero.

El GLB no tiene modo off-road, como sí encontramos en otros SUV de la estrella con la tracción 4MATIC y suspensión neumática, pero su altura libre al suelo nos permitió recorrer un tramo no asfaltado sin sufrir por su integridad. Es más, en la presentación de este vehículo, pudimos realizar un recorrido bastante exigente en el que cumplió y demostró su versatilidad.

Conclusión

Firmas como Mercedes-Benz están sacando mucho juego a sus plataformas, que les permiten presentar modelos tan dispares como el GLA y el GLB sobre una misma estructura. El Mercedes-Benz GLB tiene una razón de ser, como decíamos anteriormente, pero también un carácter y una personalidad que no pasará desapercibida. A golpe de vista enamora su carrocería de líneas rectas y cuadradas, sobre todo a aquellos que añoramos tiempos mejores de la automoción. Sin embargo, este SUV de 7 plazas conquista por su funcionalidad y un dinamismo que, sin ser excelente en ningún ámbito, nos llevará allá donde queramos sin pestañear.

El modelo sale desde los 43.125 euros, la lista de opcionales incrementa el presupuesto final pasados los 51.000 euros. Es un precio considerable, no lo negaremos. También se lo puede permitir por su singularidad y el nivel de equipamiento del que hablamos, con lo último en sistemas de ayuda a la conducción y seguridad (ADAS). La elección se tornará difícil entre este modelo y un GLC por su proximidad en tamaño  pero, las siete plazas, nos harán decantarnos por uno u otro, así como la estética más 4×4 del que hoy nos incumbe.

Escrito por, Miguel Angel Solá

Agradecimientos

  • Mercedes Benz España
  • Fotografías: Cristóbal Arjona & Mercedes Benz

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