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El Serie 3 de BMW es un modelo realmente completo que se nutre de la calidad bávara y su equipamiento tecnológico para situarse por encima de sus rivales. El precio es su mayor pega pero la sofisticación y tradición de la marca sus mejores argumentos.

La obsesión por los SUV’s ha desplazado definitivamente los monovolúmenes, de los que ya ni se habla ni se hablará. Parece que otro de los afectados por el asentamiento de esta especie invasora son las berlinas, un segmento al que tenemos algo más de cariño y que todavía cuenta con un gran porcentaje de ventas. Por ende las marcas siguen apostando por ellos y nosotros os traemos la prueba del BMW Serie 3 con motor diésel de 190 CV y cambio automático.

El Serie 3 es un viejo conocido de nuestras carreteras, su primera generación se remonta al 1975 y es el modelo más vendido de la firma germana, con más de 15 millones de unidades vendidas hasta la actualidad. Es más, en hoy en día sus clásicos están de lo más cotizados entre los llamados “Millenials”, parecen haber caído rendidos ante unidades de los E30 o E36 por los que tanto suspiraban cuando eran apenas unos niños. Es complicado imaginarnos el actual G20 siendo un modelo de culto en el futuro, pero quién sabe.

La clase define a todos los modelos de BMW, una hoja de ruta que empieza a crearse en los bocetos que dan forma a su carrocería. Para la séptima generación de este superventas las pautas en cuanto a diseño parece haber sido: Más es más. Tiene una imagen más agresiva, más madura y más tecnológica, puntos que se confirman en cuanto pasas un tiempo tras su volante.

Para empezar, ha ganado en tamaño y ahora mide 4,7 metros de largo (7 centímetros más) por 1,82 metros de ancho y 1,44 de alto. Su batalla es ligeramente más larga pasando de 2,81 a 2,85 metros entre ejes, un dato imperceptible en la habitabilidad interior del Serie 3. El maletero, en cambio se mantiene idéntico con 480 litros de capacidad.

La parrilla más grande capta gran parte de la atención de su frontal pero también lo hacen las entradas de aire del paragolpes inferior, mucho más geométricas, exageradas y enmarcando los pilotos antiniebla. Los faros son LED de serie y como la unidad probada contaba con el acabado de acceso Sport (2.500 euros) también lo eran los antiniebla, si además quiere añadir los grupos ópticos con tecnología láser opcionales… cuestan la friolera de 6.800 euros.

Su silueta apenas varía respecto la generación anterior y en este caso destacan las carcasas de los retrovisores en color negro (con el paquete) además de las llantas de aleación de 18 pulgadas opcionalwa (2.517 €). Mucho se ha especulado sobre el diseño de sus faros traseros pero ¿Realmente nos parecen tan distintos los vehículos de hoy en día? Sus semejanzas con el Lexus RC pueden ser casualidad… o no, pero el conjunto de la zaga no hace otra cosa que seguir la moda.

BMW ha realizado una apuesta clara por la digitalización pero como sucede en el exterior, para gustos los colores. Si el diseño es subjetivo la practicidad de su botonería no se puede poner en duda y la pantalla multimedia puede gestionarse a través del mando iDrive, situado junto a la palanca de cambios. Dicha pantalla, muy bien situada a nuestro parecer, puede llegar a ser de hasta 10,3 pulgadas desde 3.132 euros pero también se conforma con 6,5 y 8,8 pulgadas de serie en función del paquete seleccionado. Estrenan sistema operativo (7.0) que mejora no solo la calidad sino el manejo táctil y amplia funciones más recientes como los gestos o los comandos de voz.

Llega de serie con el cuadro de instrumentos tan de moda en todas las firmas premium y no tan premium. Este es, probablemente, el punto débil de la tecnología BMW frente a la de su rival directo del grupo VAG. Han primado tanto el diseño y la innovación que la lectura de la información es complicada, existen pocas opciones de personalización y la calidad no acaba de estar a la altura de la pantalla central. Tampoco queremos cerrarnos en banda ya que es posible que sea un tema de costumbres visuales.

Los materiales y el diseño del habitáculo del Serie 3 se sitúa mucho más próximo al de su hermano mayor (Serie 5) que en la generación anterior. El equipamiento de serie no está nada mal pero como bien sabemos, en la casa bávara todo tiene un precio y todo puede conseguirse. La tapicería con el paquete sport combina la tela y sensatec en los asientos deportivos, un extra por el que ya vale la pena este acabado. Otro detalle clave del acabado son las molduras negras del salpicadero, puertas y panel central que mejora la calidad percibida.

Si fuera por nosotros no renunciaríamos al cuero Vernasca del acabado Luxury pero disponible por 2.335 euros como en nuestra unidad. Si eres más de detalles deportivos irás directo al paquete M Sport de 5.000 euros. Tampoco nos importaría invertir en el equipo Harman Kardon de 1.025 euros, el Parking Assistant Plus de 1.196 euros o el Head-Up Display solo disponible con el Paquete Innovation (6.800 euros) que comportaría muchos otros gadgets a la última como los faros Láser. Mejor paramos porque nunca pararíamos de poner extras y más si empezamos con la personalización estética.

Las plazas traseras han ganado algo de amplitud y altura respecto al techo. No estamos ante un vehículo excepcionalmente práctico pero dos personas podrían viajar sin problema y con total comodidad.

Toca ponerse a los mandos del BMW 320d y lo primero que debemos tener en cuenta es la posición de conducción, cerca del suelo y con el centro de gravedad bajo. Esta cercanía con el asfalto nos permite sentir mejor lo que sucede y que el vehículo nos transmita sus prestaciones. Para ello es vital, como no, el bloque fijado bajo el capó y que en este caso es un diésel 2.0 turboalimentado de 190 CV. La entrega de esa potencia se sitúa sobre las 4.000 rpm y sus 400 Nm de par motor se dejan sentir entre las 1.750 y 2.500 vueltas.

El cambio automático es, de serie, un automático ZF de ocho velocidades excelente. Su velocidad y finura en la conducción habitual es intachable e incluso si demandas más actitud no se queda corta. Eso sí se tendrá que recurrir a los modos de conducción para poder apurar mejor su actuación y que no se obsesione la tecnología con la eficiencia.

Según el modo seleccionado –Eco, Normal, Confort o Sport- notaremos ciertos cambios en la firmeza de la dirección y la velocidad de reacción del motor. No contamos con el chasis o suspensión adaptativo así que los cambios no son tan palpables como en los modelos superiores. En esta generación del Serie 3 prima el confort y la calidad de rodadura pero a cambio perdemos sensaciones al volante, estamos ante un BMW menos pasional y su tracción trasera pasa completamente desapercibida.

No habríamos pensado nunca que recomendaríamos un modelo de esta firma para el uso punto A al punto B pero así es. En este 320d lo haremos del mejor modo posible y si estamos dispuestos a concedernos algún lujo contaremos con un equipamiento tecnológico y sistemas de seguridad y ayuda a la conducción a la última. Eso sí, su mejor cara la veremos en vías rápidas o incluso en tramos de carretera siempre que no busquemos experiencias fuertes y nos conformemos con un dinamismo notable, que no excelente.

Su consumo homologado es de 5 litros y por primera vez podemos creer que sería posible. Nosotros entregamos el 320d con un consumo medio de casi 6 litros pero tampoco nos obsesionamos en conducir de modo eficiente. Nada mal para una berlina trasera de 1.530 kilos y cambio automático.

Conclusiones

Los datos oficiales son: 240 km/h de velocidad máxima y una aceleración de 0 a 100 km/h en 6,8 segundos. Números que puede suscitar cierto atractivo para un usuario al uso pero que todo amante de BMW mirará con cierto recelo. Suspicacias que son lógicas cuando hablas de una marca que vive de sus sensaciones pero sobre todo de su tradición deportiva y con un carácter indomable que congregó aficionados y detractores a partes iguales. ¿Cumple este 320d con esas expectativas emocionales? Nos atreveríamos a decir que no.

A cambio estamos ante una berlina muy confortable con una calidad interior superior y un equipamiento destacable incluso de serie. La carta de extras y ADAS (Sistemas de seguridad y ayuda a la conducción) es inacabable y su consumo medio nos resultó de lo más interesante. Su comportamiento dinámico es notable pero, sea injusto o no, a la firma bávara siempre le pides más.

Su precio con acabado Sport sale desde 46.200 euros, muy acorde con sus rivales directos como el Mercedes-Benz C 220 d que tiene la misma potencia y algo por encima del  Audi A4 S line 35 TDI con menos caballos. Eso sí, estas marcas deberían andar con mil ojos porque marcas generalistas como Ford o Renault y otras menos ‘populares’ como Volvo les pisan los talones tanto en el apartado de diseño y equipamiento como el dinámico.

Agradecimientos

  • BMW España
  • Port Ginesta
  • Fotografías: Miguel Angel Solá