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El 22 de diciembre de 1995 fue la fecha elegida para la primera aparición en España de Pierce Brosnan en el papel de 007 bajo el título de Goldeneye, producida por EON Productions. El coche elegido por el espía más famoso del mundo para esta nueva entrega fue Aston Martin DB5, considerado el coche más icónico de todos los tiempos, y con un gran recorrido en la gran pantalla.

En Goldeneye, Bond conduce su DB5 por un puerto de montaña en una persecución a la letal espía soviética Xenia Onatopp, encarnada por la actriz Famke Janssen. Una espectacular carrera en la que el espía británico pone a prueba el motor de su DB5, que fue el primer modelo de carretera de Aston Martin que incluía un impulsor de 4 litros con 6 cilindros en línea, capaz de ofrecer 282 cv.

Esta era la primera escena protagonizada por Pierce Brosnan a los mandos del coche, pero para entonces, Aston Martin DB5 ya se había convertido en un icono del cine.

Un clásico de la gran pantalla

La primera aparición de DB5 en la gran pantalla se produjo en 1964 con la película Goldfinger, protagonizada por Sean Connery. Este modelo albergaba numerosas sorpresas, como ametralladoras camufladas, blindaje a prueba de balas, radar, matrículas giratorias, generador de humo, chorros de aceite y hasta un asiento eyectable. Era el coche perfecto para un espía, que cautivó a los aficionados al cine y del mundo del motor y le convirtió en un icono.

Tras Goldifnger, Aston Martin DB5 se consagró como el coche de referencia de James Bond y también apareció -además de en Goldeneye– en las películas Operación Trueno, El mañana nunca muere, Casino Royal, Skyfall y Spectre.

Tal es la fama de Aston Martin DB5 que su imagen se ha utilizado para infinidad de productos. Incluso, LEGO lanzó un modelo de Aston Martin DB5 Goldfingerdentro de su colección Creator Experts, que reproduce a la perfección el coche que aparece en la película.

Una pieza de coleccionista

En julio 2018 se ponía a subasta uno de los tres modelos de DB5 que EON Productions utilizó para rodar Goldeneye. La puja, que tuvo lugar en el Festival de Velocidad de Goodwod, superó todas las expectativas al alcanzar los 2,6 millones de dólares que pagó el Museo del Espía de Nueva York por hacerse con él.

Su aparición en la película y su uso como vehículo promocional, tanto para el film como para la propia marca, sirvieron para que su valor como pieza de coleccionista se disparara y hoy en día continúa siendo la pieza más cara relacionada con la franquicia de películas 007.

Este ejemplar de Aston Martin DB5 Goldfinger está expuesto en la zona dedicada a James Bond en el SPYSCAPE, que incluso ofrece a sus fans la posibilidad de darse una vuelta en el emblemático vehículo.

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