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El BMW i8 Roadster es uno de los convertibles más bonitos y exclusivos que podemos encontrar en el sector del automóvil, siendo el único que aúna la tecnología híbrida con la deportividad.

Fue en 2011 cuando BMW presentaba el primer concept del i8, para posteriormente en 2014, lanzar un deportivo híbrido, algo que sorprendió a todo el mundo, al ser un vehículo de producción. La versión roadster que hoy ocupa nuestras líneas es sin duda la que enfatiza más si cabe la estampa futurista de la versión coupé.

Sus 4,68 metros de largo por 1,94 de ancho y 1,29 metros de alto son la punta de lanza de su encanto deportivo. Una silueta extremadamente baja, muy pegada al suelo y con un diseño ideado para jugar a su antojo con los flujos de aire, donde vemos pocos cambios con respecto al primer i8 que vio la luz hace 5 años, salvo por los nuevos faros Matrix LED, nuevas llantas y colores. Ahora bien, es aquí donde la versión Roadster marca la diferencia, más allá de que su techo puede desaparecer en una compleja maniobra que dura 15 segundos y puede llevarse a cabo hasta a 50 km/h. Este es de lona y se esconde en el compartimento donde en el Coupé irían las plazas traseras, por lo que el BMW i8 Roadster la configuración es biplaza. BMW ha usado un mecanismo con piezas tan complejas que ha sido necesario el uso de la impresión 3D para crear ciertos componentes.

Con el techo escondido tenemos frente a nosotros una bonita silueta, en la que destacan esas dos jorobas que sirven de estructura de seguridad en caso de vuelco y que conforman con cada nervio, con cada entrada de aire (o salida) y cada moldura, situada en el lugar idóneo, que todo el conjunto consiga un coeficiente aerodinámico de 0,28 Cx, pero también para que el vehículo se pegue contra el suelo al incrementar la velocidad, el llamado efecto “downforce”. A este caparazón súmale una apertura de puertas tipo alas de gaviota y tendrás la receta perfecta para sorprender a cualquiera que te vea llegar con el BMW i8.

Visualmente existen pocos vehículos que concedan una visión tan espectacular una vez abiertos. Eso sí, la accesibilidad nunca será su motivo de compra. Al desplegar sus alas te sorprende lo livianas que son y pronto caes en la complicación que supone acceder al habitáculo del BMW i8, aunque cierto es que en la versión roadster es más fácil acceder que en el coupé, sobre todo cuando la capota no está puesta, momento en el que el chasis del coche queda al descubierto, impidiendo una entrada limpia al asiento y evidenciando uno de los puntos fuertes de su construcción, el uso de materiales ligeros como la fibra de carbono que, en esta zona, está reforzada con plástico y cubre la parte superior del bastidor, lo que se traduce en menor peso del conjunto y mejora la dinámica del coche.

Tras adentrarnos a sus plazas delanteras, siguiendo unos pasos muy estudiados y que descartan de la ecuación a conductores de tamaño contundente, nos encontramos un cockpit amplio y altamente tecnológico. El maletero está situado en la parte trasera y dispone de una capacidad de 154 litros y aunque no es mucha, deja espacio para dos maletas tipo cabina. Tras los asientos delanteros disponemos también de un pequeño espacio para dejar objetos.

Sentarse ante el volante de este prototipo de calle es menos chocante de lo que puede parecer a primera vista. El nivel de acabados, equipamiento tecnológico y materiales de calidad está al nivel de cualquier BMW y –para bien o para mal- ya no nos sorprende su acierto, aunque en este sentido, su hermano pequeño el i3 es incluso más arriesgado e innovador. La posición de conducción, en cambio, cumple con las expectativas ya que te coloca en una posición realmente baja, lo que mejora la sensación durante la conducción.

Los asientos deportivos, recogen el cuerpo a la perfección, sobre todo en los apoyos laterales y es fácil encontrar una posición de conducción agraciada, gracias a sus numerosos reglajes eléctricos. El volante multifunción permite controlar algunas funciones del sistema de infotaintment y su grosor nos resultó perfecto, evitando la forma achatada inferior que se ha puesto tan de moda.

Todo en el i8 está pensado para que el conductor sea el protagonista, es por ello, que el salpicadero está orientado hacia el lado izquierdo, quedando todo muy a mano, tanto la botonería de la consola central o los mandos del climatizador, así como la pantalla multifunción. Nos ha sorprendido otra vez, que, para ser un vehículo con un arsenal tecnológico devastador, todavía en la marca utilicen botones tradicionales para alguna cosas, como los que hay junto al selector del cambio, que ensucian el diseño minimalista y lo asemejan al resto modelos de la firma.

La pantalla de 8,8 pulgadas dispone de una interface táctil, mejorando su capacidad, calidad y navegación. Su colocación no es del todo integradora, pero permite que el conductor no baje la vista de la carretera. El sistema de confort e infotaintment se gestionan a través de esta pantalla, que también sirve para mostrar el estilo de conducción y como circula el flujo de energía a través del vehículo entre muchas otras funciones. El mando iDrive está situado tras el conjunto del selector de modos, palanca de cambios automática y botón de arranque que hay bajo el control del climatizador bizona.

El cuadro de instrumentos digital tras el volante sigue la estética tradicional de las esferas, un detalle conmemorativo pero que podrían haberse permitido modificar en un vehículo de estas características. En función del modo de conducción (Comfort, Eco-Pro, eDrive y Sport) el cuadro cambia de color y la información se adapta a los motivos escogidos. Por ejemplo, en los modos más eficientes el color predominante es el azul (representativo del proyecto i de BMW) mientras que al decidirnos por el Sport la tonalidad se vuelve roja. En ambos casos, siempre vemos proyectado el nivel de carburante, así como el estado de carga de la batería y el consumo, pero en el más deportivo la esfera de la derecha informa sobre las revoluciones.

BMW dotado al i8 Roadster de un equipamiento tecnológico y digital a la altura de su innovación mecánica. En esta versión hay pocos detalles que no lleguen de serie, pero, como en todo buen BMW, la personalización y el lujo se pagan.

En el interior encontramos el diseño interior denominado Accaro, que incluye el tapizado en cuero natural exclusivo con detalles E-Cooper, y que en combinación con los paneles y molduras interiores DryCarbon, le dan un toque deportivo al habitáculo. El equipamiento del i8 Roadster no tiene parangón, ya que de serie equipa, faros LED, equipo de sonido Harman Kardon, Head Up Display, tapicería de cuero integral, BMW Display Key, Sistema de navegación profesional, Driving Assistant, PDC, asientos eléctricos calefactados entre otros elementos, a los que podemos sumarles como opción el Entretenimiento Online, Preparación para Apple CarPlay, Receptor DAB, Inserción de cerámica para el selector del cambio y el iDrive, el sistema de telefonía con carga inalámbrica, llantas de 20” LAL BMW i o los faros láser BMW que incrementan el precio base de este Roadster desde los 161.950€, hasta los 178.900€ de esta unidad de pruebas.

Si los diseñadores e ingenieros del BMW i8 trabajaron tanto en la superficie era con un solo objetivo, no desentonar frente a los que se habían encargado de los corazones de este deportivo. Sí, dos para ser exactos ya que estamos hablando de un híbrido. Su tándem está formado por un motor de combustión gasolina de 1,5 litros biturbo de 3 cilindros que rinde 231 CV y que, sorprendentemente, no suena como si fuera a explotar. Este bloque está situado en la parte trasera, junto a la caja de cambios automática de 6 velocidades. El motor eléctrico está colocado en el eje delantero, al que dota de la inercia que generan sus 143 CV. Fuerza que también se utiliza para poner en marcha el motor, recargar la batería y ofrecer una potencia conjunta de 374 CV y una autonomía 100% eléctrica homologada de hasta 53 kilómetros.

Estamos entonces ante un deportivo híbrido con dos motores que pueden funcionar a la vez o de manera independiente, convirtiéndolo en tracción un delantera, xDrive (tracción total) o trasera al gusto del conductor. Esta elección se realiza a través del selector de modos o del botón e-Drive en caso de querer conducir en modo cero emisiones y por tanto tracción delantera.

Lo cierto es que 374 CV no parecen gran cosa actualmente, sobre todo si los comparas con las potencias de otros deportivos compactos, pero ni de lejos se pueden llegar a comparar con el BMW i8 roadster. La combinación de la combustión tradicional y el impulso eléctrico generan sensaciones al volante difícilmente describibles, como su aceleración de 0 a 100 km/h en solo 4,6 segundos.

Todo ello sin convertirse en un tragón, tal y como pasaría con sus rivales prestacionales de combustión tradicional. La firma aseguraba que bajo homologación NEDC el BMW i8 era capaz de circular con un consumo medio de 2,1 litros, un dato muy alejado de los 6,8 litros a los 100 con el que cerramos nuestra prueba de 470 kilómetros. Pese a la enorme diferencia, el gasto de este deportivo no nos pareció nada mal ya que su propulsor eléctrico apenas tiene autonomía, es más bien un fiel ayudante durante los tramos de curvas más divertidos o para conducir por la urbe disfrutando del sonido ambiental.

El modelo probado ha sufrido una actualización hace apenas unos meses. Los últimos i8 amplían la potencia conjunta hasta los 374 CV y aumentan la autonomía eléctrica hasta los 55 kilómetros gracias a la utilización de unas nuevas baterías de 11,6 kWh frente a las de 7,1 anteriores, lo que mejora las prestaciones eléctricas del modelo, pudiendo alcanzar con el modo eléctrico una velocidad punta de 130 km/h.

El tiempo de carga también es más bajo y con una toma corriente del hogar de 2,3 kW se necesitarán apenas 4,30 horas y solo 3 horas en una toma superior de 3,6 kW.

Como era de esperar, conducir el BMW i8 supuso reaprender a sentir el coche, sobre todo por el sonido de su propulsor tricilíndrico, que queda totalmente enmascarado por un silbido eléctrico del propulsor, que cuando activamos el modo Sport, se enfatiza más si cabe, aunque sea a través del sistema de audio del coche.

Tras recoger el i8 Roadster y conducir durante unos kilómetros por la ciudad en modo 100% eléctrico para disfrutar de su silencio y confort, todavía nos quedaba energía para ver que tal funcionaba el tándem híbrido. Cabe destacar que, como sucede en todos los eléctricos, la conducción cero emisiones consigue sacar lo mejor (o más civilizado) de nosotros mismos, generando una sensación de relax y mejorando la convivencia con los otros usuarios de la vía.

El confort en marcha, a cielo descubierto es su gran baza, ya que no solo disfrutar de la experiencia de conducir a uno de los pocos deportivos híbridos del mercado, sino que además lo haces sintiendo el sol y el viento en la cara, bajo el lema de la marca “¿Te gusta conducir?”, a lo que la respuesta es clara y contundente, SI.

Podrías pasarte horas al volante del i8 Roadster, haciendo kilómetros y kilómetros con el único inconveniente de la posición de conducción (algo agresiva para algunos) y la mirada inquisitiva de los demás usuarios de la carretera. Lo cierto es que su hábitat natural son las curvas pese a no ser un deportivo de pura casta, pero es en ese entorno precisamente, donde su potencia es más que suficiente y la colocación de los dos motores en ambos ejes toman partido, lo que se une a la agilidad que demuestra gracias a su confección y fabricación en materiales como la fibra de carbono, que hacen del i8 un conjunto muy dinámico.

Se avecinan curvas en nuestra ruta, y por ello, colocamos el selector de modos de conducción en el Sport. En ese preciso momento, el sonido del motor se amplifica, lo que te hace pensar que entre manos llevas a un deportivo precedido por la letra más poderosa del mundo, la ///M de BMW. El reparto de pesos es casi perfecto y la tracción al más puro estilo xDrive nos ayudan a pasar entre las curvas como si nada, con una estabilidad, un aplomo y un guiado que bien podríamos tildar de excelente.

La dirección eléctrica está asistida de más, pero hace las cosas fáciles y el empuje no era descontrolado por lo que cualquier conductor puede pasarlo bien al volante del BMW i8 Roadster, siendo un coche realmente fácil de conducir.

El sistema de frenado regenerativo es uno de los elementos que resulta muy efectivo para cargar la energía que vas consumiendo de la batería mientras disfrutas de todo el potencial, lo que te permite, por ejemplo, si conduces por un puerto de montaña, donde las frenadas son constantes, mantener el nivel de carga.

Valorar la compra de un BMW i8 Roadster será algo que no harás con coherencia, pensando en la funcionalidad o el raciocinio, sino que más bien lo harás, al enamorarte como nos ha pasado a nosotros de una silueta y un diseño que hacen de este coche una obra de arte, en la que cuando te pones al volante, es cuando comprendes, porque este coche nada tiene que envidiar a un deportivo.

Quizás el hecho de que no pueda compararse o que de que apenas tenga rivales es su bendición.

Escrito por, Miguel Angel Solá

Agradecimientos

  • BMW Group Prensa | @bmwgroupprensa
  • Fotografías: Cristóbal Arjona
  • Familia Torres