La historia de MINI comienza a finales de la década de 1950, en un contexto marcado por la necesidad de coches pequeños, eficientes y asequibles. En 1959 se presentó el Mini original, diseñado por Sir Alec Issigonis, un automóvil que revolucionó la industria gracias a su arquitectura innovadora. La disposición transversal del motor y la tracción delantera permitieron maximizar el espacio interior en una carrocería extremadamente compacta, sentando las bases de lo que hoy entendemos como coche urbano moderno.
Durante los años 60, el Mini trascendió su papel como simple medio de transporte para convertirse en un icono cultural. Su diseño simpático y su comportamiento ágil lo hicieron popular tanto entre el público general como en el mundo de la competición. Fue en esta época cuando John Cooper vio el potencial deportivo del modelo y creó las primeras versiones Cooper y Cooper S, que lograron éxitos tan sonados como las victorias en el Rally de Montecarlo. Así nació la vertiente deportiva que hoy sigue viva bajo las siglas JCW.
Con el paso de las décadas, el Mini fue evolucionando y cambiando de manos, pero siempre mantuvo su identidad. A principios de los años 2000, BMW tomó el control de la marca y lanzó el MINI moderno, reinterpretando el diseño original con estándares actuales de seguridad, calidad y tecnología. Esta nueva etapa permitió ampliar la gama y consolidar a MINI como una marca premium dentro del segmento de los compactos.
En los últimos años, la electrificación ha marcado un nuevo capítulo en la historia de MINI. La llegada de versiones eléctricas responde tanto a las exigencias del mercado como a la filosofía original de eficiencia urbana. El reto ha sido adaptar ese ADN a una nueva era sin perder carácter. El MINI eléctrico y, ahora, el John Cooper Works eléctrico son el resultado de ese esfuerzo: coches que mantienen la esencia de agilidad, diseño y diversión, pero reinterpretados bajo los códigos de la movilidad sostenible.
Para los compradores actuales, MINI representa un equilibrio singular entre legado histórico y tecnología moderna. Un ejemplo de cómo una marca con más de seis décadas de historia puede reinventarse sin perder su personalidad.
Cuando MINI anunció que el John Cooper Works, el deportivo por excelencia de la marca británica, estaría disponible tanto con motor de gasolina como en versión 100% eléctrica, las reacciones no se hicieron esperar y de la misma manera que con los modelos ///M de BMW, a aquellos más puristas les ha resultado difícil asimilar un JCW con motor de combustión.
El sonido, el carácter explosivo y el tacto tan “Go Feeling Kart” del modelo de combustión parecían elementos inseparables de sus siglas, sin embargo, tras haber tenido la ocasión de poner a prueba el MINI John Cooper Works eléctrico, la pregunta ya no es si tiene sentido que exista, sino si es capaz incluso de mejorar al modelo de motor térmico.
Claro está que la respuesta no pasa por un sí o un no, ya que este MINI eléctrico no es igual que el modelo de gasolina, ni siquiera pretender serlo, ya que es un coche muy distinto, con un carácter deportivo, pero más fino. Ahora bien, comparte la emoción de conducción con su homónimo de gasolina.
CLARA IDENTIDAD JOHN COOPER WORKS
A nivel estético, el MINI John Cooper Works eléctrico no deja lugar a dudas sobre su posicionamiento y comparte com el JCW de gasolina una imagen claramente diferenciada dentro de la gama, con elementos específicos que refuerzan su carácter deportivo y dejan latente que no es un MINI con el acabado JCW.
Los emblemas JCW están presentes en varios puntos de la carrocería, acompañados de paragolpes rediseñados, taloneras más marcadas y detalles en el pilar C que no solo cumplen una función estética, sino también aerodinámica. El difusor trasero y el alerón específico contribuyen a mejorar el flujo de aire, algo especialmente relevante en un vehículo eléctrico donde la eficiencia sigue siendo clave para optimizar el consumo de la batería y ofrecer así algo más de autonomía.
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Los detalles en color rojo, una seña de identidad de los MINI más prestacionales, contrastan con la carrocería y aportan ese punto visual agresivo que muchos compradores buscan en un compacto deportivo. La firma lumínica también es específica, con un diseño diferenciado en las luces diurnas que ayuda a reconocer esta versión incluso a distancia.
Mención especial merecen las llantas de 18 pulgadas. No solo tienen un diseño más deportivo que las del resto de versiones, sino que también han sido optimizadas desde el punto de vista aerodinámico, una solución que refleja bien el equilibrio que busca este modelo entre prestaciones y eficiencia.
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Los cambios más representativos entre ambos MINI los encontramos en el frontal, ya que este JCW luce una parrilla algo más carenada, y en la parte trasera, donde no encontramos salida central del escape.
HABITÁCULO RESULTON Y DEPORTIVO
El habitáculo mantiene la clásica combinación de negro y rojo propia de los MINI John Cooper Works. Esta se extiende por el salpicadero, que ahora cuenta con un recubrimiento textil, la iluminación ambiental y la tapicería. Los asientos deportivos ofrecen una sujeción adecuada sin resultar incómodos en el día a día, mientras que el volante de aro grueso refuerza la sensación de estar ante una versión especial.
En el volante encontramos uno de los elementos más curiosos del JCW eléctrico: una leva específica para activar la función “Boost”. Este detalle, del que hablaremos más adelante, añade un componente lúdico a la conducción y refuerza la experiencia deportiva.
El gran protagonista del interior sigue siendo la pantalla central OLED redonda de 24 cm de diámetro que concentra las funciones de cuadro de instrumentos e infoentretenimiento, ofreciendo diferentes estéticas y una presentación muy cuidada. Aunque MINI mantiene algunos mandos físicos bajo la pantalla, lo cierto es que desde este display se controla prácticamente todo, lo que refuerza la sensación de estar ante un producto tecnológico y moderno. La verdad es que un pequeño display tras el volante no vendría nada mal, con la información de conducción más relevante, ya que esta pantalla central de obliga a tener que desviar la vista en el alguna que otra ocasión.
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MOTOR, PRESTACIONES Y AUTONOMÍA
Si pasamos a los datos técnicos, el MINI John Cooper Works eléctrico deja claro que no se trata de una versión descafeinada, ya que es incluso más potente que el JCW de gasolina, que rinde 231 CV frente a los 258 CV y 350 Nm de par, gestionados por un motor eléctrico situado en el eje delantero.
El aumento de potencia es necesario para compensar el mayor peso, ya que esta versión se va hasta los 1.655 kg, frente a los 1.330 kg del modelo térmico. Aun así, las prestaciones son más que solventes: acelera de 0 a 100 km/h en 5,9 segundos y alcanza una velocidad máxima de 200 km/h, una cifra superior a la de la mayoría de eléctricos convencionales, habitualmente limitados a 180 km/h.
En cuanto a autonomía, homologa 371 kilómetros en ciclo combinado gracias a una batería de iones de litio con 49,2 kWh netos de capacidad. No es una cifra récord, pero sí suficiente para un uso diario sin complicaciones. Además, admite carga en corriente alterna a 11 kW y en corriente continua a 95 kW, lo que permite pasar del 10% al 80% en unos 30 minutos.
Para el comprador de un compacto deportivo eléctrico, este equilibrio entre prestaciones y autonomía es clave y todo un acierto, ya que el MINI no trata de batir récords, sino de ofrecer un uso realista sin renunciar al disfrute.
AL VOLANTE DEL JCW ELÉCTRICO
Una de las grandes bazas de este JCW se descubre cuando lo conduces, porque la verdad, es que nada tiene que envidiar el modelo de combustión. Es divertido, dinámico y sobre todo muy enérgico gracias a su potencia y contenido peso. Tuvimos ocasión de probarlo en la presentación que la marca llevó a cabo en el Circuito de Hakka Ring, y es un verdadero transmisor de sensaciones.
En autovía y autopista es un eléctrico más. Quizás el tarado de la suspensión que es muy firme unido al hecho de la colocación de la batería en el fondo plano del coche hacen que este rebote un poco, pero al final es la gracia de llevar un modelo con el apellido John Cooper Works.
Ahora bien, la cosa cambia y mucho cuando decides adentrarte en cualquier carretera por sinuosa que sea, porque aquí es cuando descubres que este MINI merece, aunque sea 100% eléctrico llevar este apellido.
La dirección es directa y precisa, acompaña todo lo que pasa en el eje delantero al volante, transmitiendo mucho. Es fácil entrar y salir de las curvas, acompañado si sabes dosificar el pie del acelerador de un control absoluto y guiado perfecto. La transición entre curvas las puedes hacer a una velocidad que asusta gracias al empuje del motor eléctrico que parece no tener fin.
Si decides con la leva izquierda, en algún momento activa el modo Boost, entonces es como si entraras en el hiperespacio, ya que aquí toda la potencia de este MINI está disponible durante 10 segundos que parecen ser los más largos de tu vida.
Los frenos cumplen sobradamente en términos de eficacia con su cometido. Se ha recurrido a unos discos ventilados y pinzas de un pistón, aunque el tacto del pedal es más esponjoso que en la versión de gasolina. La primera parte del recorrido es menos contundente, algo habitual en eléctricos por la integración de la frenada regenerativa, pero sin llegar a resultar molesto.
En conjunto, el MINI John Cooper Works eléctrico ofrece una deportividad diferente. No es tan puro ni tan radical como el térmico, pero sí más accesible y equilibrado, con un tacto más cercano al del MINI eléctrico convencional, aunque claramente más emocionante. Sinceramente, solo destacaría que echamos de menos el sonido del motor del modelo de combustión, porque de sensaciones va sobrado.
PRECIO Y CONCLUSIÓN
Hemos tenido ocasión de probar ambas versiones JCW, tanto en Circuito como en carretera, y como apuntábamos antes, le diferencia entre una y otra, tan solo está en el sonido del motor. A nivel de sensaciones, sinceramente, hasta nos ha gustado más le versión eléctrica, y eso que la versión que probamos de gasolina era el cabrio, lo que enfatiza más si cabe la sensación de conducción.
Esta dualidad puede resultar especialmente atractiva para quienes buscan un único coche para todo: divertido cuando apetece, pero cómodo y fácil de vivir el resto del tiempo. En ese sentido, el JCW eléctrico encaja muy bien en el perfil de comprador urbano que quiere un compacto deportivo eléctrico sin renunciar a cierta practicidad.
El MINI John Cooper Works eléctrico tiene un precio de partida de 42.600€ y ofreciendo un compacto deportivo, con una personalidad muy marcada y un enfoque equilibrado entre diversión y uso diario. Si a esto le sumamos el único opcional que llevaba nuestra unidad de pruebas que era el Paquete XL con un precio de 3.290€ (cristales tintados, asiento comfort, cámara habitáculo, Driving Assistant Plus, Navegación MINI AR, Parking Assistant Plus, Reglaje eléctrico de los asientos) el precio total es de 44.680€. ¿Es caro? Todo depende de lo que busques, ya que claro está que hay otros eléctricos con más autonomía y algo más grandes, pero ¿ofrecen las mismas prestaciones y sensaciones que este MINI?.
Escrito por, Miguel Angel Solá
AGRADECIMIENTOS
- MINI España
- Fotografías: @dc.audiovisual
- Intercrossfit












