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El BMW Serie 8 es un deportivo que puede presumir de estar entre los grandes del sector de la automoción, gracias a que puede medir su talla con rivales como el Bentley Continental GT V8, el Aston Martin DB11 o el Porsche 911 Turbo entre otros. Pero, además, tiene algo que juega a su favor, que es un cuatro plazas, lo que, sin duda, es una gran baza para aquellas personas que buscan un deportivo que pueda ser utilizado en familia, sin tener, claro está que está que renunciar a un coupé y en este caso a un coupé cabrio, con el que las sensaciones todavía se magnifican más.

Si nos remontamos a la década de los 90, BMW sorprendió a todos los amantes de los coches con un coupé de faros escamoteables, del que ya os hablamos en la prueba que llevamos a cabo con el BMW 840d. Un precioso deportivo que hoy todavía sigue siendo objeto de deseo y cuyo valor está en alza por lo que en su día representó.

Está claro que la marca, ha sabido sacarle partido a este modelo, dando opciones como la de un motor diésel para el 840d xDrive con una potencia de 320CV a un precio de 121.600€. Ahora en su catálogo, encontramos como versión de acceso la 840i, con un precio de salida de 113.000 y 333 CV, versión disponible también con la tracción integral xDrive. Por encima encontramos al 850i xDrive con un precio de 153.550€ y 530CV, todas estas con carrocerías coupé, convertibles o gran coupé, lo que ensalza todavía más su elegancia y su uso.

La versión que hoy ocupa nuestras líneas, la variante M850i xDrive Cabrio, es una de las más pasionales, ya no por el hecho de ser uno de los convertibles más bellos y exclusivos que la marca tiene en su inventario, sino por la mecánica que lleva asociada, que lo convierte en un deportivo digno de llevar la M que le precede.

Diseño contundente pero elegante

Su diseño no pasa desapercibido, ya que su talla delata que estamos frente a un convertible de gran calibre. Sus 4,85 metros de largo, una anchura de 1,91 metros y una escasa altura de 1,36 metros lo convierten en un imponente BMW que luce un diseño escultural, deportivo y elegante a la vez.

El frontal está coronado por una parrilla pintada en color negro, lo que unido a la mirada de los nuevos faros y a un faldón con dos prominentes entradas laterales le dan a esta parte del coche una apariencia meramente deportiva. Si a esto le sumamos los Air Breathers laterales, unas llantas M de 20” con unos neumáticos en medidas 245/35/20 R20 para el tren delantero y de 285/35 20 para el trasero que dejan entrever los discos de frenos con las pinzas M ya delatan que no estamos frente a un Serie 8 convencional.

En la zaga, la vista se va enseguida a la parte baja del paragolpes trasero, encargado de acoger las dobles salidas de escape, enmarcadas en los laterales de forma trapezoidal, por las que brama un sonido electrizante y agudo que proviene del motor V8.

Ahora bien, he aquí un dilema, o al menos a nosotros así se nos presentó. El variante coupé es precioso, pero más todavía lo es esta convertible, el tema es que con la capota al menos a nosotros se nos hace raro, ahora bien, cuando la retiras la estampa que ofrece este Serie 8 es brutal. Casi diría que es uno de los deportivos cabrios más bonitos del momento. Para replegar la capota de lona, tan solo hacen falta 15 segundos de una maniobra que también puede hacerse con el coche en marcha y hasta 50 km/h.

Habitáculo premium, pero sobre todo muy tecnológico

Si con los anteriores argumentos hemos conseguido enamorarte del Serie 8 M50i, ahora pasamos al interior. Y como si de una mansión de lujo se tratara, encontramos una atmósfera en la que se respira no solo calidez sino también una percepción de que todo aquello que te agudiza la vista, lo hace con algún que otro sentido como el tacto o el olfato.

La perfecta combinación del color exterior Aventurine Red Metalizada que forma parte de la paleta de colores BMW Individual con el tapizado interior en cuero integral Merino Negro, a la que además le añadimos el acabado de fibra de carbono para todas las molduras y el pespunte de las costuras en color blanco, conforman un habitáculo de lo más elegante. Aquí todo está pensado para ofrecer a conductor y ocupantes una experiencia única. El volante tiene un tamaño y grosor perfecto y en él, encontramos los mandos multifunción además de las sendas levas en la parte trasera para el manejo del cambio secuencial.

Tras el volante encontramos el BMW Live Cockpit Professional, donde vemos en todo momento la representación del modelo que llevamos entre manos. Este cuadro de mandos es personalizable además de ofrecer diferentes vistas en función del modo de conducción que hayamos escogido.

Por su parte el sistema de infoentretenimiento está concentrado en una pantalla táctil de 10,4”, desde el que se maneja de forma muy intuitiva el navegador, el sistema de sonido y desde el que se puede también modificar diversos parámetros de configuración del coche, entre otras muchas opciones. Para su manejo y gracias a la implementación del BMW Operating System 7.0 podemos utilizar bien los controles congestuales, así como el control por voz con la función “Hey BMW” que facilita en gran medida el acceso directo a muchas funciones.

Junto al selector del cambio y tras el botón de encendido del motor, encontramos los botones de acceso directo a los modos de conducción, pudiendo escoger entre Sport, Comfort, Eco-Pro o Adaptative, siendo este último el ideal para cualquier tipo de conducción.

Los asientos delanteros M Sport opcionales, sin llegar a ser unos backets, que bien podrían serlo, recogen el cuerpo a la perfección, ofreciendo gran agarre sobre todo en los apoyos laterales. En el respaldo encontramos el logo M retroiluminado, a la vez que unas salidas de aire a la altura del cuello para poder disfrutar en cualquier circunstancia climática del placer de conducir sin capota.

Las plazas traseras, disponen de anclajes Isofix, por si quieres llevar a los más peques de la casa en sillitas o alzadores con respaldo. Si tan solo viajan dos personas en el coche, es esta parte del Serie 8 se puede montar un paraviento que se guarda en el maletero lo que sin duda favorece a que no entre tanto aire dentro del habitáculo, permitiendo así que se pueda mantener una conversación sin capota y sin que el aire moleste. El maletero por su parte, al ser una versión convertible ofrece 350 litros frente a los 420 de las versiones coupé, aunque son más que suficientes para meter las maletas de un fin de semana.

Nuestra unidad de pruebas tiene un precio de salida de 153.550€, a lo que tenemos que sumarle la cantidad de 23.000€ de opcionales como el paquete de fibra de carbono interior, control de crucero adaptativo con función Stop&Go, Parking Assistant Plus, Air Collar para los asientos delanteros, Ventilación de los asientos, sistema de sonido Bowers & Wilkins Diamond, entre otros elementos que engrosan la factura hasta unos muy generosos 176.000€.

Mecánica ideal y elementos M para una dinámica intachable

Si hay algo en lo que este BMW destaca es sin duda en toda la parte mecánica. Bajo el alargado y prominente capó delantero encontramos un motor V8 de 4,4 litros con la tecnología Twin Turbo de BMW que desarrolla una potencia de 530 CV y un par motor de 750 Nm entre las 1.800 y las 5.800 rpm. Si a esto le sumamos un cambio de 8 velocidades Steptronic la combinación para sacar jugo del V8 es simplemente perfecta. Ahora bien, aquí no acaba todo, ya que para poder “pilotar” y por ende “domar” a esta bestia encontramos el sistema de tracción integral xDrive encargado de repatir el par motor entre ambos ejes. 

Sus cifran avalan su subrayan su carácter deportivo, ya que es capaz de lanzarse de 0 a 100 km/h en tan solo 4 segundos y de alcanzar cómodamente los 250 km/h de velocidad que tiene limitada. Hablar de consumos en un coche de este potencial es centrarse en algo que quizás a su propietario no le importe mucho, pero la verdad es que en este coche merece mucho la pena mencionar, que la marca ha homologado unos discretos 10,9 litros (WLTP) a los 100 kms, cifra a la que con el modo ECO-PRO activado es fácil acercarte en autopista conduciendo a velocidad de crucero.

La sensación que tienes conduciendo rápido con este coche, no es la de que llevas poco más de dos toneladas entre manos, parece, dado su comportamiento un conjunto más liviano, con el que cada vez quieres ir más rápido.

Dinámica pensada para disfrutar de la esencia M

Todo en este coche ha sido pensado, no solo para ofrecer a su conductor un y ocupantes un alto grado de confort, sino también para sacar a relucir lo mejor de la “M” que precede su nombre.

A la perfección del chasis M adaptativo Professional le sumamos el hecho de que cada rueda llevar un pequeño motor encargado de compensar las fuerzas laterales, lo que se traduce en el que el M850i gire como lo hace, plano, estable, pero sobre todo muy ágil, disminuyendo así la sensación de que llevas 5 metros de eslora.

La dirección es directa y comunicativa, sobre todo en el modo Sport, dónde comunica a la perfección todo lo que pasa en el tren delantero con el volante. La suspensión neumática adaptativa por su parte engulle todas las irregularidades del asfalto a la vez que contribuye a dar un apoyo firme en cada uno de los giros que hagas, permitiéndote afrontar las curvas a velocidades de vértigo.

Ahora bien, uno de los elementos clave en este coche, es el eje trasero activo direccional que a altas velocidades giran las ruedas en el mismo sentido que las delanteras lo que ayuda a conseguir un aplomo más efectivo al traducirse esto, aunque sea de forma virtual en una batalla más larga. Ahora bien, en carreteras reviradas, el efecto es el contrario, el M850i parece que es más pequeño ya que las ruedas giran en sentido contrario a las delanteras lo que facilita la entrada y salida de las curvas entrelazas con mayor facilidad. La verdad es que este sistema requiere de un pequeño periodo de adaptación, ya que a veces tienes la sensación de que la trasera hace movimientos a los que no estás acostumbrado y la reacción del coche es redondear por así decirlo la trazada de la curva por sí solo.

En cualquier situación el paso por curva que ofrece es elevadísimo, a lo que hemos de decir los 750 Nm de par contribuyen en buena medida, ya que la transición entre curvas llega a asustar, incluso nada más con acariciar el pedal del acelerador. Hemos tenido la ocasión de poner a prueba a dos de sus más dignos rivales, el Bentley Continental GT V8 y al Aston Martin DB 11, y ninguno de los dos ofrece un comportamiento tan deportivo como el BMW.

En resumen

Este coche, esta preciosidad convertible ofrece lo mejor de dos mundos, algo que en la casa han sabido plasmar en el M850i. Por un lado, es un descapotable cómodo para viajar, pero por otro, es el perfecto aliado para hacer un buen puerto de montaña disfrutando en todo momento del placer de conducir, o porque no, de pilotar.

Escrito por Miguel Angel Solá

Agradecimientos

  • BMW España
  • Fotografías: Cristóbal Arjona

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