Compartir

Son muchos los MINI que a lo largo de estos años han pasado por nuestra redacción, entre ellos todas las versiones John Cooper Works del MINI Cooper, Countryman o Clubman, teniendo todos ellos un denominador común, la diversión que ofrecen al volante. Pero este último, el que hoy ocupa nuestra prueba, no solo es divertido, sino que es un deportivo que te hace sacar al piloto que llevas dentro si de verdad quieres disfrutar de todo lo que es capaz de ofrecer.

Desde 2013, MINI no lanzaba al mercado una versión GP, en esta ocasión lo ha hecho con una edición limitada de tan solo 3.000 unidades para todo el mundo, de las que 100 serán las que recibirán nuestro país, y de la que una, numerada con la 1149 es la que hemos tenido ocasión de conducir, o más bien, pilotar.

MINI ha querido que todas ellas fueran tan exclusivas, que todas son iguales, además de que no existe posibilidad de cambiar configuración, así como añadirle extras. Con un precio de 45.900€, todas ellas están ya vendidas, así que, si te gusta esta prueba, tendrás que rebuscar en el mercado de ocasión si tu intención es hacerte con una de ellas. Igual de exclusivas fueron las 2.000 unidades que se produjeron en 2006  y 2012, bajo las denominaciones internas R53 y R56 despectivamente, mientras que la actual es la F56.

¿Quién es el público de un MINI con tan solo dos plazas?, la respuesta es fácil. Si ya se han vendido las 3.000 unidades que se han fabricado, hemos de pensar que existe un perfil para este tipo de coches, que, si bien pueden ser coleccionistas, seguramente también serán entusiastas o fans de la marca que quieran tener en su garaje al MINI más exclusivo del momento.

Su diseño lo dice todo. La perfecta combinación del color Racing Grey metalizado para la carrocería, el tono Melting Silver metalizado del techo y los retrovisores y los detalles en Chilli Red, así como por todos los elementos que ensanchan la carrocería o por el alerón trasero, hacen del MINI GP un compacto de apariencia única y simplemente espectacular. En el frontal, destaca la parrilla delantera donde ya luce el primero de los logos GP, así como el faldón que deja entrever el segundo radiador encargado de refrigerar al poderoso motor, del que luego os hablaremos.

En la vista lateral, destacan los pasos de rueda flotantes, donde se halla la grafía con el numero de la unidad, fabricados en CFRP (plástico reformado con fibra de carbono), así como las exclusivas llantas de 18” calzadas con unos neumáticos en medida 225/35/18. Ahora bien, si hay una parte de este coche que destaque es la zaga, donde el alerón situado en la corona del techo es toda una declaración de intenciones de lo que esperas al volante de este MINI GP.

Quizás en el habitáculo, es donde la marca menos ha arriesgado, ya que cuando ves el empaque exterior, esperas lo mismo en el interior y por desgracia no es así, ya que hay pocos elementos que diferencien el GP de una versión John Cooper Works, tan solo los nuevos asientos tapizados en piel y alcántara, así como las nuevas grafías del cuadro de mandos o la moldura situada frente al copiloto que nos recuerda el número de la edición limitada que tenemos entre manos. Ahora bien, cuando miras tras los asientos delanteros y no encuentras los traseros pues en su lugar se ha montado una barra de torretas para dar más estabilidad a todo el conjunto, ya aprecias que esto no es otro John Cooper Works, sino un MINI con el AND de la competición en toda su esencia.

Tras el volante deportivo  tapizado en cuero Nappa que luce unas levas impresas en 3D, de generoso tamaño, encontramos el nuevo cuadro digital que ya hemos podido ver en el MINI electric, pero que en esta versión como era de esperar dispone de unas grafías adaptadas a su estilo racing. En el centro del salpicadero encontramos una pantalla táctil de 6,5 pulgadas del sistema Connected Media desde la que se controla todo el sistema de infoentretenimiento.

En el apartado mecánico encontramos un propulsor 2.0 Turbo que rinde nada más y nada menos que 306CV que se mantienen de forma constante entre las 5.000 y las 6.250 rpm y 450 Nm de par disponibles entre las 1.750 y las 4.500 rpm, ensamblado a una caja de cambios Steptronic de convertidor de par de 8 relaciones que transmite todo el potencial a las ruedas delanteras mediante un diferencial autoblocante mecánico. Todo esto se traduce en unas cifras que quitan el hipo, ya que el MINI GP es capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en tan solo 5,7 segundos mientras que puede lanzarse hasta los 267 km/h, sin duda la cifra más alta que hasta el día de hoy se ha visto en la marca.

El sonido del motor es bronco, pero no todo lo que nos hubiera gustado. Su doble salida de escape con tubos de acero inoxidable rectificado mate, emite un bramido agudo, que se cuela en el interior del habitáculo, pero que por culpa de las emisiones ha dejado de emitir esos míticos petardeos a los que las versiones JCW nos tenían acostumbrados. Aquí hubiera encajado a la perfección el sonido de aquel MINI John Cooper Works Pro, que hace unos años pasó por nuestra redacción.

Ponerte al volante de este GP no cosa fácil, sobre todo si quieres ir rápido para sacar lo mejor de un conjunto que brilla por un dinamismo, del que podría decir que es el mejor de todos los compactos que han pasado por nuestra redacción en el último año. Todos los que hemos probado un MINI, sabemos que la dirección es muy directa, pero en este caso, es tren delantero es muy nervioso, lo que te obliga en todo momento a coger el volante con firmeza, para evitar que de vez en cuando, y cuando vas engranando marchas a la vez que  vas tomando velocidad, este de algún que otro pequeño latigazo que te obliga a corregir la trayectoria.

La perfecta combinación de un chasis que lo engulle todo, un sistema de suspensión que ha recibido profundos cambios para mejorar el paso por curva, así como las barras estabilizadoras, las barras de torretas situadas en el vano del motor y tras los asientos delanteros, son elementos que mejoran considerablemente la dinámica de este pequeño diablo que ofrece un paso por curva no solo rápido, sino además firme y aplomado. Si a esto le sumamos que el propulsor empuja de forma lineal hasta básicamente el corte de inyección, llevando con alegría a los 1.255 kg de tara, la sensación que obtienes al volante es la de estar pilotando un kart de adulto.

Para garantizar la diversión de aquellos pilotos más osados, este MINI no dispone del ya conocido MINI Driving Modes, pero si podemos jugar con tres modos de funcionamiento del Control de Tracción, donde existe uno denominado GP que permite un pequeño deslizamiento de las ruedas antes de entrar en funcionamiento.

Otro de los elementos que forman parte de un equipamiento imprescindible es el equipo de frenos, compuesto por unos discos de acero de 360 mm mordidos por unas pinzas de 4 pistones pintadas en el mismo color Chilli Red que el resto de los detalles de la carrocería y que entonan a la perfección con las llantas de 18”.

¿Ocuparía este MINI una de las 10 plazas de nuestro garaje ideal?, la respuesta es sí, pero no solo eso sino que estaría entre las 3 primeras sin duda alguna. No como pieza de coleccionismo, pues estimo que sería una verdadera pena que tener un coche así para no sacarlo nunca, cuando podrías disfrutarlo en tu día a día, o bien, para hacer trackdays con los amigos el fin de semana.

Pagaríamos con gusto los 45.900€ de esta versión, sin mirar atrás y sin pensar que posiblemente sea mucho dinero para un coche de dos plazas, pero quizás sea poco dinero para un compacto que puede hacer sombra en un trazado como el de Nürburgring a juguetes mayores con un tiempo de 7’ 56” en el crono, o lo que es lo mismo, por debajo de los 8’ 23” de su predecesor.

Escrito por, Miguel Angel Solá

Agradecimientos

  • MINI España
  • Fotografías: Cristóbal Arjona

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here